Evangelio de la Ascensión: misión y promesa de Cristo
Evangelio de la Ascensión: misión y promesa

Este domingo la Iglesia celebra la solemnidad de la Ascensión del Señor, un acontecimiento central en la fe cristiana que marca la culminación de la vida terrenal de Jesús y el inicio de la misión de sus discípulos. La Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre el significado de este misterio y su relevancia para nuestra vida cotidiana.

Primera Lectura: Hechos 1, 1-11

En el libro de los Hechos, Lucas narra que Jesús, después de su pasión, se apareció a los apóstoles durante cuarenta días, dándoles pruebas de que estaba vivo y hablándoles del Reino de Dios. Les ordenó no alejarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del Padre: ser bautizados con el Espíritu Santo. Ante la pregunta de si restauraría el reino de Israel, Jesús respondió que no les correspondía conocer los tiempos, sino que recibirían fortaleza del Espíritu para ser sus testigos hasta los confines de la tierra. Dicho esto, fue elevado al cielo y una nube lo ocultó. Dos hombres vestidos de blanco anunciaron que Jesús volvería de la misma manera.

Segunda Lectura: Efesios 1, 17-23

Pablo ora para que los fieles reciban espíritu de sabiduría y reflexión, conozcan la esperanza del llamamiento de Dios, la gloria de la herencia y la grandeza de su poder. Ese poder resucitó a Cristo y lo exaltó sobre todo principado y potestad, constituyéndolo cabeza de la Iglesia, su cuerpo.

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Evangelio: Mateo 28, 16-20

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Reflexión: ¿Dónde está el Resucitado?

Existen dos tradiciones sobre los encuentros del Resucitado. Una, presente en Lucas, Hechos y Marcos, sitúa la ascensión en Jerusalén cuarenta días después de la resurrección. La otra, en Mateo y Juan, invita a volver a Galilea, al lugar de la vida cotidiana. Allí, en el trabajo sencillo, los discípulos encuentran a Jesús y reciben la misión. La misión es clara: llevar la Buena Noticia de que Dios es Padre amoroso, que nos ama incondicionalmente. Este amor, manifestado en la entrega de Jesús en la cruz, sana nuestras heridas y nos libera del egoísmo. La invitación es a sumergirnos en el dinamismo del amor trinitario, experimentando cómo transforma nuestras vidas. A diferencia de la tradición lucana, Mateo y Juan no hablan de una partida, sino de una presencia permanente: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Esta promesa es el fundamento de nuestra esperanza y misión.

P. Alexander Zatyrka, SJ - ITESO

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