Javier Marín, único mexicano en competir por concluir la fachada de la Sagrada Familia
Javier Marín compite por concluir fachada de Sagrada Familia

El escultor mexicano Javier Marín compite por intervenir la última fachada de la Sagrada Familia

En marzo de 2025, el Patronato de la Junta Constructora de la Sagrada Familia en Barcelona anunció a los tres artistas seleccionados para participar en el concurso internacional que definirá quién concluirá la Fachada de la Gloria, la tercera y última de las fachadas del emblemático templo diseñado por Antoni Gaudí. Entre los elegidos se encuentran dos españoles, Miquel Barceló y Cristina Iglesias, y un mexicano: Javier Marín.

Un desafío monumental sin precedentes

La Fachada de la Gloria representa el acceso principal del templo y simbolizará el camino de la humanidad desde el pecado hasta la redención celestial. Esta sección incluirá una extensa decoración escultórica con más de cien figuras que narrarán la historia humana desde Adán y Eva hasta el Juicio Final, con representaciones del cielo y el infierno.

A diferencia de las fachadas del Nacimiento y de la Pasión, para la Fachada de la Gloria no existen instrucciones detalladas dejadas por Gaudí. Esta ausencia ha obligado a la Junta Constructora a trabajar durante años con comisiones teológicas, artísticas y técnicas para establecer un marco interpretativo que guíe cualquier intervención contemporánea.

La trayectoria internacional de Javier Marín

Javier Marín (Uruapan, Michoacán, 1962) llega a este concurso con una sólida trayectoria internacional y experiencia en obras monumentales en espacios públicos complejos. Su obra ha sido exhibida en museos y espacios públicos de México, Europa, Asia y América, estableciendo un diálogo perdurable entre la escultura y el paisaje urbano.

Su lenguaje escultórico se caracteriza por:

  • Exploración de la anatomía como territorio simbólico
  • Uso de materiales como barro, bronce, cera y resinas
  • Figuras con desproporciones deliberadas y fragmentación estética
  • Una tensión constante entre lo mineral y lo orgánico

Marín cuenta con experiencia relevante en intervenciones en espacios religiosos, destacando su trabajo en el retablo mayor y presbítero de la Catedral de Zacatecas, considerado parte del nuevo barroco mexicano.

Implicaciones culturales y diplomáticas

La participación de Marín trasciende el ámbito artístico y tiene importantes implicaciones para la proyección internacional de México. Que un artista mexicano sea considerado para intervenir uno de los templos más emblemáticos de Europa representa:

  1. Un reconocimiento a la creatividad mexicana en el contexto global
  2. La confirmación de que el arte mexicano dialoga en el centro de las conversaciones culturales contemporáneas
  3. Una oportunidad para demostrar cómo la tradición escultórica mexicana puede dialogar con el patrimonio europeo sin perder identidad

El concurso funciona como una negociación entre memoria y futuro, donde la intervención escultórica se convierte también en un gesto de traducción cultural: del barro al bronce, del cuerpo a la piedra, de México a Barcelona.

Un precedente histórico y un proceso cuidadoso

La historia de la Sagrada Familia ayuda a dimensionar la trascendencia de este encargo. Las obras comenzaron en 1882, y desde 1883 Gaudí transformó radicalmente el proyecto. El templo ha atravesado generaciones, interrupciones y debates, convirtiéndose en patrimonio mundial de la UNESCO.

Existe un precedente importante: en 1986, la intervención en la fachada de la Pasión fue confiada a Josep María Subirachs, cuyo lenguaje expresionista generó intensos debates sobre la legitimidad de introducir estética contemporánea en una obra asociada a Gaudí. Este episodio dejó una lección institucional: cualquier decisión estética en la Sagrada Familia se convierte en discusión pública.

El concurso actual es por invitación, no mediante convocatoria abierta, lo que refuerza el reconocimiento implícito a los artistas seleccionados. En las próximas semanas, los tres artistas presentarán sus propuestas, y antes de que termine la primavera de 2025 se conocerán los resultados.

Si Javier Marín resultara elegido, su intervención no sería únicamente una obra escultórica, sino un hito en la proyección internacional del arte mexicano, demostrando que las fronteras culturales se diluyen en el océano de la interculturalidad contemporánea.