La animación mexicana continúa expandiendo sus horizontes narrativos y visuales, pero pocas veces lo hace desde un espacio tan íntimo y profundamente conectado con la identidad cultural como en Mi amigo el sol. Esta nueva película, dirigida por Alejandra Pérez González, apuesta por una historia donde la fantasía, la mitología prehispánica y las emociones familiares convergen a través de la mirada de Xóchitl, una niña muralista que se encuentra con diversas deidades mexicanas mientras atraviesa un viaje personal junto a su padre, Diego.
Una conexión personal con la historia
Aunque el guion fue escrito por Miguel Ángel Luriegas y Jonathan Barceló, Alejandra Pérez encontró rápidamente una conexión personal con la historia. Desde sus primeros acercamientos al proyecto sintió un vínculo emocional con los personajes y el universo mitológico que construye la película. “Recuerdo que muchos niños mexicanos escuchamos en la escuela sobre Tláloc, Quetzalcóatl y todas estas leyendas. Nos llevaban al Museo de Antropología y de pronto escuchabas historias increíbles, pero desde la imaginación de un niño eso cobraba vida”, recordó la directora.
La cineasta confesó que desde pequeña soñaba con ver una película animada mexicana que abordara a las deidades prehispánicas desde una perspectiva contemporánea y emocional. “Yo decía: debería existir una película que hablara sobre estos dioses y sobre Quetzalcóatl. Y años después llega este guion y me dicen: dirige esta película. Fue una coincidencia muy bonita”, comentó.
Ese encuentro entre las inquietudes personales de la directora y la visión original de los guionistas terminó por definir el tono de Mi amigo el sol, una película que utiliza la fantasía no solo como espectáculo visual, sino como una herramienta para hablar sobre vínculos afectivos, identidad y crecimiento emocional. Para Pérez González, el elemento clave para sostener todos los niveles narrativos fue no perder de vista el corazón de la historia. “El centro siempre fue la relación padre-hija. Todo lo demás —la mitología, lo mágico, lo simbólico— adorna y enriquece la película, pero el foco emocional era ese vínculo”, explicó.
Mitología mexicana y animación latinoamericana
Uno de los elementos más llamativos de Mi amigo el sol es la manera en que integra referencias culturales profundamente mexicanas dentro de una narrativa accesible para públicos de todas las edades. Desde figuras como Tláloc hasta símbolos populares relacionados con tradiciones ancestrales, la película construye un universo visual que dialoga directamente con la memoria colectiva del país. “Muchas cosas ya venían muy bien trabajadas desde el guion, pero en diseño de personajes y dirección de arte fuimos agregando detalles para reforzar la identidad de cada deidad y de cada símbolo”, señaló.
La directora destacó particularmente algunos elementos que remiten a creencias populares que siguen vivas en muchas familias mexicanas. “Lo del cuchillo clavado para Tláloc me encanta porque es algo muy de aquí, muy mexicano. Incluso las abuelas todavía hacen esas cosas y me parecía importante conservar ese tipo de referencias”, dijo entre risas.
La producción también representó un importante esfuerzo colaborativo entre distintos países latinoamericanos. Aunque el núcleo creativo estuvo encabezado por artistas mexicanos, el proyecto reunió talento de Colombia, Ecuador y Brasil, consolidando una producción internacional que mantuvo siempre una identidad profundamente local. “La mayoría del equipo es mexicano, pero también trabajamos con artistas de Colombia, Ecuador y Brasil. Ahora las producciones animadas funcionan de otra manera y puedes colaborar con personas de muchas partes del mundo sin necesidad de un estudio físico”, explicó.
La película se convierte en un ejemplo del crecimiento técnico y artístico de la animación latinoamericana independiente, una industria que continúa buscando espacios frente al dominio de los grandes estudios internacionales. “Fue una producción larguísima. Yo venía de trabajar principalmente como storyboard artist y lo más que había estado en un proyecto eran nueve meses. Aquí fueron prácticamente cinco años viendo la película desde el inicio hasta el final”, recordó.
El reto de emocionar en tiempos de consumo rápido
En un contexto donde gran parte de las películas animadas comerciales están construidas alrededor de franquicias, videojuegos o narrativas diseñadas para el consumo inmediato, Mi amigo el sol apuesta por una experiencia más contemplativa y emocional. La directora reconoció que ese panorama sí genera inquietudes respecto a cómo reaccionará el público más joven. “Sí existe ese miedo de que las nuevas generaciones ya estén acostumbradas a contenidos mucho más rápidos y formatos cortos. Pero esta película nació desde otro lugar y había que seguir adelante con ella”, afirmó.
Aun así, Pérez González considera que precisamente ahí radica el valor del proyecto: en ofrecer una alternativa que dialogue con la imaginación, la sensibilidad y la identidad cultural mexicana. La próxima presentación de la película en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara representa uno de los momentos más importantes para el equipo creativo. Aunque reconoce sentir nervios por la recepción del público, la directora también ve el estreno como una oportunidad para abrir nuevas conversaciones alrededor de la mitología mexicana y la representación cultural en el cine animado. “Sé que habrá gente que diga que ciertas historias no deberían representarse así porque tomamos muchas licencias creativas, pero eso me parece maravilloso porque demuestra que estos personajes y estas mitologías tienen muchísimo potencial para seguir siendo reinterpretados”, señaló.
Más allá del estreno y de la recepción crítica, Alejandra Pérez González asegura que lo más valioso del proceso fue descubrir todo lo que implica levantar una película animada independiente y compartirlo con un equipo apasionado. “Me llevo muchas risas, mucho aprendizaje y la confirmación de que amo hacer esto. Hubo frustraciones, claro, pero cuando finalmente ves la película terminada entiendes que todo valió la pena”, expresó.
Finalmente, la directora compartió el deseo que espera dejar en el público después de ver Mi amigo el sol. “Quiero que existan más películas dirigidas por mujeres y más historias inspiradas en nuestros dioses y nuestras culturas. Todo eso da para muchísimas historias más y me emociona pensar en lo que puede venir después”, concluyó.



