El fenómeno poético que desbordó Bellas Artes
En marzo de 1996, cuatro años antes de su fallecimiento, el poeta chiapaneco Jaime Sabines preparaba un modesto recital para celebrar sus setenta años de vida. La cita estaba programada en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con un aforo estimado para doscientas personas. Lo que nadie anticipó fue que aquella tarde se convertiría en uno de los momentos más memorables de la cultura mexicana contemporánea.
La sorpresa que obligó a cambiar de sala
Gerardo Estrada, entonces director del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), recuerda con asombro cómo la afluencia de público comenzó a superar todas las expectativas. "Yo estaba allí, pero comenzó a llegar más gente de la esperada", relata Estrada. "Como a las seis o siete de la noche, la afluencia era tal que pensamos: '¡Esto no puede ser!'. Como no teníamos preparada una transmisión por televisión o en otra sala, se decidió mover el evento a la Sala Principal del palacio".
La decisión fue tomada rápidamente cuando se hizo evidente que los 240 lugares de la Sala Ponce serían insuficientes. En los pasillos corrió la voz del traslado a la sala mayor, con capacidad para mil ochocientos espectadores. "Por supuesto que fue inusitado que un poeta atrajera a tanto público, como si se tratara de un concierto de rock and roll", añade Estrada.
Un poeta frente a su ejército de amorosos
Lo más sorprendente fue la composición del público: jóvenes de entre veinte y veinticinco años, congregados sin convocatorias digitales, en una época donde internet y las redes sociales apenas comenzaban a vislumbrarse en el horizonte tecnológico. "Aquel día, el maestro Sabines estaba muy impresionado; jamás imaginó que tuviera tal cantidad de lectores", confiesa Estrada.
El poeta, autor de "Los amorosos", aceptó el cambio de sala con cierta nerviosidad, preguntando si no sería "mucha lata". La lectura se extendió por más de dos horas, con el público acompañando cada verso en la explanada del Palacio de Bellas Artes.
El misterio de la convocatoria masiva
¿Cómo explicar aquel fenómeno en un tiempo sin internet ni redes sociales? Esta pregunta sigue intrigando a los testigos del evento. Estrada reflexiona: "Fue una sorpresa que hubiera tantos lectores de poesía en México, pese a lo que siempre dicen las encuestas, así que eso me pareció fantástico y me devolvió la confianza en los jóvenes".
La explicación, según el exdirector del INBA, se encuentra en la poesía misma de Sabines: "Cuando leí Los amorosos, me di cuenta de que Sabines es cercano a la gente y, sobre todo, si eres joven y estás enamorado". Esta conexión emocional directa, sin intermediarios digitales, demostró que la poesía podía convocar multitudes por su propio mérito.
Un legado que perdura tres décadas después
El recital de 1996 no fue un caso aislado en la historia de Bellas Artes. Estrada recuerda otro evento similar cuando el profesor Herbert Frey habló sobre Nietzsche, también desbordando las expectativas de asistencia. Sin embargo, el fenómeno Sabines mantiene un lugar especial por su carácter espontáneo y masivo.
"Sabines ha sido uno de los poetas más cercanos a los mexicanos, no sólo a los cultos, sino al público en general", concluye Estrada. "Es un poeta muy sencillo, aunque no hay que confundir con lo simple, y eso ha hecho que entre en el alma y en la mente del mexicano".
Este histórico encuentro entre el poeta y sus jóvenes lectores, ocurrido en el centenario de su nacimiento que se conmemora este 2026, sigue siendo un testimonio del poder de la palabra poética para congregar, emocionar y sorprender, incluso en la era anterior a la comunicación digital masiva.



