SOGEM Guadalajara. Agradezco a Ale su testimonio y el apoyo que nos brinda en la escuela. Martha Cerda.
Como pez en el agua
Las personas que hemos pasado por la Escuela de Escritores SOGEM somos una gran diversidad con algunas características comunes. Una de estas particularidades que nos unen es que la mayoría fuimos el "raro" en la escuela, o incluso en nuestras familias.
En lo particular, puedo confirmar que fui una niña retraída, la rara del salón, la introvertida que prefería los libros a las personas. Para poder atravesar mi niñez y adolescencia, inundé mi cabeza de historias y personajes que se sentían más reales que la gente a mi alrededor. Navegaba por un mundo que me costaba entender, en una vida donde sentía que me ahogaba. Con el tiempo, la supervivencia se impuso y aprendí a vivir en esa condición, a pesar de hundirme en aguas profundas donde apenas me mantenía a flote.
Aunque el llamado de las letras me llegó desde edad temprana, fue hasta que crecí que me encontré con SOGEM. Entrar a las instalaciones de la escuela fue una especie de oasis a mi rutinaria vida de Godín. Caminé por los salones igual a los ríos que fluyen en dirección al mar. Por primera vez no me hundía, sino que flotaba, no a la deriva, porque ahora tenía un propósito, una misión por cumplir.
Cada curso tuvo su encanto, cada autor nuevo fue un parteaguas, cada compañero un aliado, cada texto un reto nuevo, cada maestro un faro en medio del océano de posibilidades que se abrían delante de mí.
Las aguas corrían naturalmente y dejé de luchar contra la corriente; ya no era la "rara". Ahora estaba en un lugar donde la rareza era apreciada, donde los libros eran balsas de conocimiento y los autores que nos presentaban en cada clase desbordaban nuevos mundos que disparaban mi imaginación. Allí, las historias que venían acumulándose por años en mi cabeza finalmente encontraron cabida y emergieron en forma de cuentos. Podría pasar horas relatando cuánto disfruté mi etapa como estudiante, pues allí no solo conocí a mis mejores amigos, sino que la escritura se transformó en el eje de mi vida. Sin embargo, SOGEM todavía tenía mucho más por ofrecerme.
Un poco después de graduarme, se me dio la oportunidad de regresar a SOGEM, ya no como alumna, sino como maestra. La idea de un lugar donde había aprendido no solo a flotar sino a zambullirme y salir empapada de nuevas ideas ahora me abría las puertas para una nueva experiencia.
Cuando entré a estudiar jamás habría pensado que mi oasis se volvería mi segunda casa… mi trabajo.
Ha sido un gozo dar clases. Ahora me toca estar del otro lado, me he tenido que convertir en ese faro que ilumina a esos pequeños peces que, como yo, entran sintiendo que el mundo es un lugar complejo donde no se les da cabida, para que comiencen a nadar en las letras, en las hojas en blanco, en los autores desconocidos para ellos y a utilizar algunos de ellos como salvavidas. Como maestra, es una delicia ver cómo cambia el brillo en los ojos cuando el ahogo desaparece y finalmente logran encontrar su voz.
La escuela de escritores SOGEM Guadalajara nunca será solo una escuela. La magia que albergan sus instalaciones transforma un sitio aparentemente común en un océano donde los "raros" somos la norma. Aquí, nuestras habilidades se sumergen para dar vida a nuevos mundos con la promesa de que, al aprender a nadar, por fin nos sentiremos como pez en el agua.
Alejandra Maraveles



