Carlos Álvarez: urge abrir teatros a niños como pilar educativo
Urge abrir teatros a niños, dice barítono Álvarez

El barítono español Carlos Álvarez afirmó que el arte y la ópera tienen la capacidad de salvar al mundo y funcionan como antídoto contra las adicciones tecnológicas y la inmadurez emocional que afectan a las nuevas generaciones. En una conferencia de prensa virtual desde Estados Unidos, con motivo del estreno de la ópera El último sueño de Frida y Diego en el Metropolitan Opera de Nueva York, el cantante, quien interpreta a Diego Rivera, destacó la urgencia de abrir los teatros y la cultura a niños y jóvenes como un pilar educativo.

Formación humanística y experiencia analógica

Álvarez subrayó que la experiencia analógica de sentir la vibración de una orquesta y las voces naturales sin amplificación electrónica es esencial para consolidar una formación humanística y una capacidad crítica sólida en la ciudadanía. Pidió a los periodistas mexicanos recordar que el arte y la cultura permitieron a las nuevas generaciones procesar la realidad de manera distinta, como ocurrió durante la pandemia. También reflexionó sobre el impacto educativo del belcanto y la necesidad de incluirlo en las aulas de sistemas educativos públicos y privados.

Disculpas públicas a México

El intérprete ibérico aprovechó la pregunta de un medio para ofrecer una disculpa pública al pueblo de México por el comportamiento "pésimo y bochornoso" de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante su reciente visita a México. Álvarez expresó sentirse "realmente avergonzado" por las declaraciones hostiles de la política española contra el gobierno mexicano. Subrayó con humildad que "son muy pocos los españoles que comparten esa postura" y que los artistas tienen la obligación ética de alzar la voz en favor de la concordia y la libertad de expresión, y para preservar el valor de la comunidad hispana, de incalculable peso artístico y humano a nivel global.

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Puente entre la vida, la muerte y el arte

En la conferencia también participó la directora y coreógrafa brasileña Débora Colker, quien detalló los pormenores de la obra, que trasciende la biografía para adentrarse en un universo onírico y reivindicativo. Resaltó su proceso de investigación estética para capturar la esencia del Día de Muertos y el surrealismo en la puesta en escena.

Tres mundos paralelos en escena

La propuesta escénica dirigida por Colker no pretende ser una crónica biográfica estricta, sino una travesía mítica y surrealista que explora la complejidad de los protagonistas. En un inglés apresurado, dijo que su investigación incluyó viajes a México para vivir directamente la festividad del Día de Muertos, visitando cementerios y altares para capturar la esencia que luego desplegó en el escenario. La directora articuló la puesta en escena a través de tres mundos paralelos: el real, el inframundo y el universo del arte, utilizando el surrealismo para mostrar aspectos como el "cuerpo roto de Frida". La iconografía mexicana es central en la narrativa visual, incorporando elementos como la Casa Azul, el estudio de Diego y la figura de la Catrina, quien funge como guardiana entre el mundo de los vivos y los muertos. Para Colker, esta producción refleja una dualidad constante entre amor y muerte, silencio y grito, y la pasión que definió la relación entre Kahlo y Rivera. Resaltó que, aunque ambos artistas fallecieron, su activismo político e identidad profundamente mexicana los mantienen como seres universales y vigentes.

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El Diego Rivera humano

Carlos Álvarez describió el reto de interpretar a un personaje tan complejo y controvertido como Diego Rivera. Explicó que su técnica actoral se basa en no juzgar éticamente a sus personajes para lograr la empatía necesaria que los haga creíbles ante el público. Para esta producción, se sometió a una caracterización que le añade años y peso, para proyectar la fuerza física y de carácter que el libreto demanda. Calificó de "fascinante la obligación que tenemos como intérpretes de poder hacer que, independientemente de cuál sea el origen del personaje, lo podamos hacer creíble, y que el público tenga su propia opinión". Explicó que vocalmente la obra presenta una tesitura de barítono dramático con un rango agudo importante, escrita de tal forma que los personajes masculinos y femeninos poseen una vocalidad potente para igualar sus personalidades históricas. La música, compuesta por Gabriela Lena Frank, es "muy audible y cantable, empleando leitmotivs que ayudan al espectador a seguir la narrativa emocional de los personajes, permitiendo incluso que el público salga del teatro tarareando algunas melodías".

Escenario, libertad y compromiso político

Más allá de la estética, Álvarez resaltó la carga política de presentar esta obra en el contexto actual de Estados Unidos. Recordó que "la administración anterior de Donald Trump denostó lo hispano y eliminó el español como idioma de comunicación oficial, por lo que cantar en español en el Met es una declaración de principios". La ópera incluye pasajes donde se reclama la invisibilidad de los pobres y se invoca a Tenochtitlán como símbolo de resistencia y justicia social. Álvarez regresó al Met tras 16 años de ausencia; dijo que el mundo de la cultura debe ser una "isla donde la libertad de expresión permite una faceta crítica". Añadió que "en este sentido, la obra no solo busca el goce estético, sino también señalar problemáticas persistentes en la sociedad contemporánea, como la violencia machista y la necesidad de ampliar los derechos sociales". Para el intérprete, "el arte tiene la obligación de convertir a los espectadores en ciudadanos con criterio que no acepten las injusticias reflejadas en el escenario".