Fernando Eimbcke cierra un círculo creativo con 'Moscas', una película que entrelaza dolor, humor y fantasía
Con un nítido blanco y negro y toques de comedia sutil, el cineasta mexicano Fernando Eimbcke plasma en Moscas una improbable amistad entre una mujer antipática y un niño que enfrenta el dolor de tener a un familiar enfermo. Esta quinta película del director compitió por el Oso de Oro en la pasada edición de la Berlinale, donde, aunque no obtuvo el premio principal, se llevó dos recompensas paralelas, consolidando su impacto en el circuito internacional.
Una historia de soledad y conexión inesperada
La trama sigue a Olga, una mujer solitaria y de mal humor, que por necesidades económicas decide arrendar una habitación de su apartamento a un hombre cuya esposa está hospitalizada cerca. Sin que Olga lo sepa, el hombre lleva a escondidas a su hijo de nueve años, Cristian, hasta que la casera descubre el engaño. A pesar de su inicial enfado, poco a poco se va tejiendo una relación especial entre ella y el niño, en un proceso que Eimbcke describe como un viaje emocional lleno de matices.
El cine de Eimbcke ha estado tradicionalmente poblado por jóvenes, como en su ópera prima Temporada de patos (2004) o en Club Sandwich (2013), premiada en San Sebastián. En entrevista durante el festival Cinelatino en Toulouse, donde Moscas compite esta semana por el máximo galardón, el director explicó: "Había hecho cine de adolescentes, pero siempre me ha gustado también mucho el cine donde hay niños protagonistas". Añadió que los niños tienen una manera única de manejar el dolor, recurriendo a la fantasía, citando como ejemplo el mundo imaginado en El laberinto del fauno de Guillermo del Toro.
Videojuegos como metáfora de la lucha contra el cáncer
En Moscas, Cristian, confrontado junto a su padre con la grave enfermedad de su madre, se sumerge en el mundo de los videojuegos arcade, jugando sin parar al Cosmic Defender Pro, donde debe eliminar marcianitos. Eimbcke, de 55 años, afirma que este videojuego, aparentemente insignificante, se convierte en una poderosa representación de la lucha de las células de su madre contra el cáncer. "Ese videojuego que es chiquitito y que parece no ser tan importante, de repente puede ser una representación de la lucha", señaló el cineasta, destacando cómo la fantasía sirve como escape y herramienta de comprensión para el niño.
Aunque el tema central es doloroso, Eimbcke lo aborda con un toque de comedia, gracias al talento de la actriz principal Teresa Sánchez (conocida por Tótem) y a la picardía del pequeño Bastian Escobar. Para encontrar al incipiente actor, Eimbcke relató que durante las pruebas, el director de casting le pidió al niño hacer una cosa, y él hizo otra, momento en el que supo que era perfecto para el papel. El blanco y negro de la película también contribuye a este tono humorístico discreto; Eimbcke precisó: "Si hay un gag o algún chiste, el blanco y negro me ayuda mucho. Es como muy neutral", y añadió que la ausencia de color mejora la transición entre el mundo real y el mundo de fantasía del niño.
Influencias neorrealistas y un guion rescatado del olvido
Muchas escenas de la película, en las que el niño deambula por calles entre vendedores ambulantes o se cuela en el hospital de su madre, tienen un aire de neorrealismo italiano. El propio Eimbcke citó Ladrones de bicicletas como una de sus inspiraciones clave, reflejando un estilo cinematográfico que combina realismo crudo con momentos de ternura y esperanza.
La historia de Moscas se remonta a más de 20 años, justo después de que Eimbcke terminara Temporada de patos. Alejandro González Iñárritu, impresionado por esa primera película, le pidió participar en un proyecto de serie. Eimbcke escribió rápidamente el guion, pero debido a problemas con la televisión, Iñárritu abandonó la idea y el texto quedó olvidado. Dos décadas después, Eimbcke lo encontró por casualidad en su computadora y decidió rescatarlo, dando vida a esta nueva obra.
Eimbcke reflexiona que hacer esta película tanto tiempo después es como "una especie de círculo que se cierra". Explicó: "Dicen que siempre llegas al mismo lugar, haces una vuelta y llegas al mismo lugar, pero tú ya no eres igual, ya cambiaste". Moscas y su ópera prima dialogan mucho entre sí, compartiendo paralelismos como el uso del blanco y negro y temas de infancia y fantasía, marcando así una evolución en la carrera del cineasta mexicano.



