‘Como agua para chocolate’ culmina: la revolución íntima de Mamá Elena y Tita
Final de ‘Como agua para chocolate’: revolución interna de personajes

‘Como agua para chocolate’ llega a su final: una revolución íntima y emocional

La historia que transformó la cocina en un territorio de emociones y el amor en un acto de resistencia culmina con su última temporada. Como agua para chocolate, serie original de HBO producida por Ventanarosa Productions bajo la producción ejecutiva de Salma Hayek Pinault, estrena su cierre con una carga emocional intensificada y una narrativa que ahonda en el deseo, la represión y las heridas transmitidas entre generaciones.

El legado emocional de Mamá Elena

Uno de los personajes más complejos es Mamá Elena, figura autoritaria que durante gran parte del relato es percibida como la antagonista. Sin embargo, conforme avanza la trama, su dureza revela un trasfondo emocional profundo. En entrevista con Excélsior Digital, Irene Azuela, quien interpreta a Mamá Elena, reflexiona sobre la construcción de este personaje.

Irene Azuela explica: “Hablamos de una herida emocional y fue ese nuestro punto de partida para construir a Mamá Elena. Las villanas siempre tienen un antecedente, un pasado que las ha marcado. No es que un día se levantan y deciden odiar a su hija o ser de tal o cual manera. Siempre hay un porqué, y en ese porqué decidimos construir lo que sería Mamá Elena y su odio”.

Azuela subraya que el reto fue evitar una lectura simplista. Más que interpretar a una mujer cruel, buscó mostrar cómo la tradición, la represión y el dolor no resuelto pueden transmitirse de generación en generación, convirtiendo el amor en control y la disciplina en violencia emocional.

La revolución interna de Tita

Más allá del conflicto familiar, Como agua para chocolate también despierta en la audiencia una nostalgia por una forma de amar desbordada, casi absoluta. En tiempos donde el “amor líquido”, concepto acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman para describir vínculos frágiles y fugaces, parece dominar las relaciones contemporáneas, la historia de Tita y Pedro remite a cartas escritas a mano, promesas silenciosas y pasiones que no conocen medias tintas.

Sin embargo, esa intensidad romántica ocurre en un contexto atravesado por la Revolución Mexicana, la represión social y la incertidumbre constante. Azul Guaita, quien da vida a Tita, comparte su perspectiva.

Azul Guaita señala: “Sí, creo que está situada en la Revolución porque esta serie se trata sobre una revolución interna, sobre la revolución que pasa dentro de uno mismo, dentro de la casa. Tita está en una revolución sobre querer ser libre y querer zafarse de lo que le impone Mamá Elena y la sociedad”.

La actriz explica que el conflicto no es únicamente político o histórico, sino profundamente personal: “Al mismo tiempo quiere seguir las reglas, porque es lo que ella conoce, porque es el deber ser. Hay un punto en el que decide ya no seguirlas, pero en la segunda temporada regresa, tiene que madurar y darse cuenta de que a veces esas reglas sirven para algo y también para dejar de hacerle daño a otras personas”.

La Revolución, entonces, no solo ocurre en las calles: también sucede en la intimidad de una casa y en el interior de una mujer que busca reconciliar pasión, responsabilidad y libertad.

La música como voz femenina

Además de la calidez visual y la potencia emocional de las escenas, uno de los grandes aciertos de Como agua para chocolate es su propuesta musical. El soundtrack no funciona como simple acompañamiento: voces como Natalia Lafourcade y Silvana Estrada —entre otras intérpretes— atraviesan la narrativa y refuerzan una identidad mayoritariamente femenina. Incluso hay momentos en los que Tita canta en lengua indígena, ampliando la dimensión simbólica de la historia.

Irene Azuela comenta sobre este aspecto: “Absolutamente. Me parece que la música es no solo uno de los aciertos, sino una de las virtudes más grandes de la serie que hicimos. Me encanta la manera en la que los sonidos contemporáneos se entretejen con los de la época que estamos retratando”.

La actriz subraya que esa fusión no es decorativa, sino narrativa: “No solo potencializa las escenas, sino que sí, de alguna manera funciona como un hilo conductor también de esa voz de la que hablas”.

Con este cierre, Como agua para chocolate deja un legado de emociones intensas y reflexiones sobre el amor, la libertad y las cicatrices del pasado, invitando a la audiencia a explorar las revoluciones que ocurren en el corazón y el hogar.