Irvine Welsh explora la CDMX y reflexiona sobre humor, imperialismo y salud mental
Irvine Welsh en CDMX: humor contra imperialismo y salud mental

El escritor escocés Irvine Welsh descubre la CDMX entre conversatorios y reflexiones profundas

Para el reconocido autor Irvine Welsh, nacido en 1958, explorar la Ciudad de México tiene un método particular: subirse al metro sin rumbo fijo, elegir una estación al azar y dirigirse hacia allí. "A veces terminas en un barrio cool, lleno de hipsters, cafeterías y bares de vinos. Otras veces te encuentras en una zona de combate. Nunca sabes dónde vas a acabar, pero es emocionante", confiesa el creador de obras icónicas como "Trainspotting" y "Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo".

Participación en la FILCO 2026 y experiencias mexicanas

Recientemente, el escritor escocés ofreció una sesión musical como DJ en un bar del Centro Histórico de la capital mexicana. Además, participó activamente en conversatorios y presentó la traducción al español de "Los cuchillos largos" (Anagrama, 2025) durante la Feria Internacional del Libro en Coyoacán (FILCO) 2026. En un café al sur de la ciudad, Welsh compartió sus impresiones sobre México: "Lo he visto todo y me ha gustado todo. Me ha encantado y me ha transmitido todo el espectro de la vida y la humanidad".

El autor describió la ciudad como un organismo vivo que respira, con un aire especial que merece ser atesorado. En las calles, algunas personas lo reconocieron, experiencia que calificó como "genial". Según su itinerario, este lunes por la noche tomaría un vuelo de regreso a Escocia, con planes de estar en Londres la siguiente semana para las audiciones del musical de Trainspotting, que se anuncia como una versión más oscura que el libro y la película, con estreno previsto para julio de este año.

Trilogía policíaca y proyectos literarios

Mientras tanto, "Los cuchillos largos" representa la segunda entrega de una trilogía protagonizada por el inspector Ray Lennox, que comenzó con "Crimen". Aunque cada obra puede leerse de manera independiente, esta segunda parte sigue al inspector en la búsqueda del responsable de la muerte del diputado Ritchie Gulliver, cuyo cadáver apareció en un almacén del puerto de Leith, distrito de Edimburgo. La trama se complica con más casos similares donde la venganza parece ser el motor de los homicidios.

Welsh aborda temas de crimen y corrupción con una mezcla única de violencia y humor, herramientas que también emplea para criticar la intolerancia, el racismo y la polarización ideológica en contextos políticamente divididos. El autor confiesa que para escribir deja fluir sus emociones: "ira, tristeza, felicidad, euforia, todas esas cosas", intentando siempre pasarlas por un lente lúdico, incluso ante grandes pérdidas o tragedias.

El humor como herramienta contra la adversidad

Para Welsh, el equilibrio entre lo trágico y lo cómico es fundamental: "No puedes sólo tener un sinfín de horrores, miserias, desastres, violencia y cosas por el estilo. Hay que dejar un respiro a la gente, hay que recurrir mucho al humor". Este enfoque, según el autor, permite a los lectores reírse de lo absurdo de ciertas situaciones, creando el espacio emocional necesario para enfrentar material difícil.

Al preguntársele si este equilibrio explica su impacto en los lectores, Welsh responde afirmativamente, señalando que esta actitud es común en culturas que enfrentan adversidad: "La gente simplemente piensa: 'Ah, todo es una mierda. Bueno, pues vamos a echarnos unas risas'". El autor encuentra conexiones entre esta perspectiva escocesa y la actitud mexicana, vinculando ambas a experiencias con el imperialismo.

Reflexiones sobre imperialismo y salud mental

Welsh profundiza en su visión del imperialismo, describiéndolo como un sistema reduccionista que no merece envidia sino lástima: "Todo este sistema tecnológico, financiero y globalista que se establece también penaliza a los llamados ganadores, al igual que a los perdedores". Para el escritor, la pomposidad y presunción de la mentalidad imperialista resultan ridículas y merecedoras de humor.

En cuanto a la salud mental, Welsh critica la tendencia contemporánea a la sobre-medicalización: "La gente cree que tiene derecho a estar feliz todo el tiempo y que si se siente un poco deprimida, ansiosa o triste, piensa que tiene problemas mentales". El autor aclara que no niega la existencia de enfermedades mentales reales, pero advierte contra la "catastrofización" de la compleja experiencia humana, impulsada según él por intereses comerciales.

Welsh concluye que lo que realmente necesita la gente es respeto, la posibilidad de llevar "la mejor vida posible" y encontrar un balance para distinguir entre afecciones reales y las fluctuaciones normales de la condición humana. Su postura relajada y sonrisa provocativa acompañan estas reflexiones, mostrando a un autor cómodo expresando opiniones controvertidas con claridad y convicción.