Una vida dedicada a las letras con propósito social
El reconocido periodista Rafael Álvarez Cordero comparte una profunda reflexión sobre las motivaciones que lo han llevado a escribir de manera ininterrumpida durante más de cincuenta años, un recorrido que comenzó bajo la tutela de figuras legendarias del periodismo mexicano y que hoy continúa con la misma pasión en las páginas de Excélsior.
Raíces en el periodismo de calidad
Álvarez Cordero recuerda con especial cariño sus inicios profesionales, cuando don Manuel Becerra y don Huberto Batis lo guiaban desde sus oficinas, ofreciéndole lo que él describe como "auténticas cátedras de periodismo". Esas enseñanzas, centradas en el uso preciso del lenguaje y los signos de puntuación, sentaron las bases de lo que sería su estilo distintivo: un periodismo inteligente enfocado en temas de salud.
Su trayectoria dio un giro significativo cuando don Olegario Vázquez Raña lo convocó a su oficina para reconocer su talento y sugerirle un cambio a El Universal. Aunque esta experiencia fue positiva, el diario enfrentaba dificultades técnicas tan severas que en ocasiones el periodista debía entregar personalmente sus textos debido al mal estado de las máquinas.
Cinco décadas de entrega puntual
El verdadero hito llegó con la incorporación a la familia Excélsior, tras la invitación de Olegario Vázquez Aldir. Desde entonces, Álvarez Cordero ha mantenido una disciplina ejemplar, entregando sus columnas semanales sin falta durante más de medio siglo, ya sea desde su hogar, durante viajes a Europa o desde lugares remotos como Ranguiroa, un islote perdido en los Mares del Sur.
"Nunca he fallado en mi entrega", afirma con orgullo el periodista, destacando que esta constancia responde a una convicción profunda: su participación, aunque modesta, contribuye al cambio que México necesita.
Las fuentes de inspiración
Frente a la pregunta sobre quién escribe realmente sus artículos, Álvarez Cordero despeja cualquier duda: sus textos surgen de conversaciones genuinas con familiares, amigos, colegas e incluso de lectores entusiastas que le envían extensas propuestas para mejorar el país. Esta interacción constante alimenta su visión de un "mundo feliz" sin guerras ni violencia, donde los problemas se resuelvan mediante el diálogo.
Su amor por la lectura, los libros compartidos con hermanos y amigos, y las experiencias acumuladas en visitas a más de treinta países, conforman el sustrato de una escritura que busca, ante todo, dar sentido a la existencia y expresar claramente lo que se desea y no se desea para México.
Convicción frente a la utopía
El periodista reconoce abiertamente el carácter utópico de su misión, preguntándose cuántos programas y tratados se han redactado para alcanzar la paz sin éxito. Sin embargo, lejos de considerarlo un "anhelo frustrado" o meros "desahogos literarios", Álvarez Cordero insiste en que la expresión pública de ideales tiene valor intrínseco.
A sus años, acompañado de su esposa Alicia, hijos, nietos y un amplio círculo de relaciones, el escritor encuentra una gran alegría de vivir, a pesar de los achaques de salud que enfrenta desde una fractura de cadera. Con calma, el apoyo de amigos médicos y el cariño familiar, sigue adelante con determinación.
"Escribo porque quiero y porque hacerlo me da satisfacción", concluye Álvarez Cordero, revelando que cada envío a la redacción viene acompañado de una "sonrisa socarrona" que prefiere mantener en el anonimato, pero que refleja el placer profundo de quien ha convertido la escritura en un acto de testimonio y esperanza para su país.



