El Festival de la Canción de Eurovisión nació en 1956 como un proyecto para unir a una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. La Unión Europea de Radiodifusión (UER) buscaba conectar continentes a través de la televisión, una tecnología emergente. La idea original no incluía música: se pensó en un programa de variedades con actos circenses, pero Italia propuso un concurso inspirado en el Festival de San Remo. Así surgió Eurovisión, un evento que prometía paz y hermandad en plena Guerra Fría.
Conflictos políticos en el escenario
A pesar de que la UER insiste en que Eurovisión no es político, la historia demuestra lo contrario. Las votaciones reflejan alianzas regionales y tensiones diplomáticas. El caso más emblemático es el de Rusia, expulsada en 2022 tras la invasión a Ucrania. La presión de televisiones públicas de Finlandia, Suecia, Noruega, Países Bajos y los países bálticos forzó a la UER a cambiar su postura inicial de mantener a Rusia.
Israel en el centro de la controversia
El conflicto con Israel tomó un rumbo diferente. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza, crecieron las campañas para expulsar a Israel del festival, argumentando el mismo criterio aplicado a Rusia. La UER mantuvo su postura de neutralidad, pero la polémica se intensificó en Malmö 2024, con protestas y abucheos constantes.
Basilea 2025: Israel segundo y explosión de la controversia
En la edición de 2025 en Basilea, Suiza, Israel participó con Yuval Raphael y la canción “New Day Will Rise”. A pesar de quedar baja en la votación del jurado, arrasó en el televoto gracias a campañas digitales, alcanzando el segundo lugar. Durante su actuación, dos manifestantes intentaron subir al escenario, y la transmisión ocultó abucheos con filtros de sonido. Esa misma noche, sirenas en Israel alertaron por un misil desde Yemen, politizando aún más el evento.
Eurovisión 2026: el año que rompió todo
La edición 70 en Viena, Austria, estuvo marcada por divisiones profundas. España, Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia boicotearon el concurso en protesta por la participación de Israel y la negativa de la UER a suspender a la televisora israelí KAN. La salida de España, con el peso histórico de RTVE, fue un golpe duro. La tensión aumentó cuando Martin Green, director de Eurovisión, declaró que “invadir un país no es motivo de expulsión”, refiriéndose al caso ruso. José Pablo López, presidente de RTVE, acusó a la UER de doble rasero y, horas después, RTVE emitió un mensaje: “El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina”.
Protestas masivas en Viena
El 16 de mayo de 2026, miles de personas marcharon cerca del Wiener Stadthalle con banderas palestinas y pancartas como “Ningún escenario para el genocidio”. El embajador palestino en Austria, Salá Abdel Shafi, acusó a Israel de usar el festival como propaganda. La seguridad fue enorme, con apoyo de agentes alemanes, aunque no hubo incidentes graves.
Israel repite segundo lugar
A pesar del boicot, Israel volvió a quedar segundo en el televoto, detrás de Bulgaria, cuyo representante Dara ganó con “Bangaranga”. Además, empresas israelíes participaron en la producción del evento, generando críticas en redes sociales.
La UER intenta mantener su discurso de neutralidad, pero cada edición demuestra que Eurovisión está profundamente conectado con los conflictos internacionales. El programa que nació para unir a una Europa golpeada por la guerra, 70 años después, se ha convertido en un espejo de las divisiones políticas del mundo. Mientras el festival busca expandirse con una versión asiática en Bangkok para noviembre de 2026, la pregunta persiste: ¿puede existir un Eurovisión apolítico en medio de guerras, boicots y tensiones globales?



