De la furia al éxtasis: Soda Stereo lleva al público a la gloria pese a retraso de más de 2 horas
El público se mostró molesto por el retraso de más de dos horas del concierto de Soda Stereo en el Palacio de los Deportes con su gira Ecos, la cual trae de "regreso" a Gustavo Cerati mediante un holograma. La rechifla ya se escuchaba y la producción decidió subirle a la música para que no se escuchara la molestia del público reclamando que Soda Stereo ya saliera al escenario; llevaban una hora y treinta minutos de retraso. El siguiente mensaje fue en la pantalla que rodea al Palacio de los Deportes: “Gracias por la paciencia. El evento comenzará en breve”, pero ya era tarde, el público cabeceaba de sueño y otros seguían chiflando y empezaban hasta las mentadas.
La ira inicial y la desesperación del público
“¡Culeros!, ¡culeros!, ¡culeros!”, comenzó a lanzar el público cuando la máquina de humo empezaba a funcionar y lanzar grandes bocanadas en la pista. Sin embargo, el público no quería efectos ni “rockcito” sonando en las bocinas del Palacio, querían a Soda; muchos se levantaron de sus asientos para ir al baño o para ir a comprar cerveza ante el retraso. La rechifla y los abucheos no pararon durante poco más de 30 minutos, incluso una pequeña parcialidad del público decidió abandonar el recinto.
Dos horas de retraso y finalmente las pantallas se encendieron, la máquina de humo seguía funcionando, pero la música no arrancaba; el movimiento continuaba como si fuese apenas la apertura de puertas: público en los pasillos, pero mucha molestia, el público mexicano tenía que ir a trabajar el miércoles y el reloj ya marcaba las 10. Los fans comenzaban a preguntarse entre sí ¿qué pasaría si se cancelaba el concierto? ¿Repondrían? ¿Harían devolución? Una madre de familia contó a Excélsior su impresión: “No, pues está muy mal, muy decepcionada, ojalá que sí salgan porque hicimos un esfuerzo para venir”. Más tarde se encontraba bailando.
La transformación: del abucheo a la euforia
Diecisiete minutos pasaron aún después de esas dos horas de retraso; muchas personas ya abandonaban el lugar cuando finalmente las luces se apagaron, la rechifla pronto se transformó en aplausos, hasta que se escuchó el audio completamente distorsionado. No se distinguía la letra de cada canción, pero la gente se divertía, ya había esperado desde antes de las 8 de la noche a los argentinos. Ecos fue el tema que abrió la noche y cuando terminó fue un intercambio de emociones: por una parte el público aún molesto gritando “culero”, y mentando madres; por otra, el que ya había dejado pasar el retraso y aplaudía.
Pero todo fue euforia cuando finalmente apareció, aunque fuera en una imagen proyectada, Gustavo Cerati para cantar Nada personal y Juegos de seducción, como un holograma que parecía revivir a la leyenda del rock. Ahí, esas horas esperando se esfumaron, más aún cuando el audio finalmente mejoró y la acústica se había resuelto. “Culero, culero” se convirtió casi de forma automática en un “Soda, Soda, Oé, Oé, Oé, Oé, Soda, Soda”. Los celulares estaban prohibidos, pero nadie pudo evitar grabar lo que era la figura de Cerati en el escenario, como si estuviera vivo, su voz sonando, y aunque no había interacción con el holograma, el público se entregaba igual.
El espectáculo en 3D y la nostalgia colectiva
Hombre al agua sonó y Cerati seguía ahí, parecía mover sus manos, su cuerpo, pero su mirada estaba perdida, mecánica, sin dejarse impresionar, sin mostrar una leve sonrisa, ni agradecer al público. El show era en 3D, pero sólo 8 mil personas alcanzaron las gafas especiales; aun así, no dejaban de cantar cada tema, como Ella usó mi cabeza como un revólver. Zeta Bosio y Charly Alberti estaban ahí, dos fundadores de la banda, pero la atención no caía sobre ellos, los de carne y hueso, todos aplaudían a un virtual Gustavo, pero más aún a su memoria que parecía avivarse en cada canción.
Comenzó entonces Cuando pase el temblor y se proyectaron imágenes en 3D que disfrutó sólo la mitad del público, pues no pudieron darle lentes a todos. Además, toda la banda dejó el escenario, incluso despareció la silueta de Cerati, no había nada, era una reproducción del clásico de Soda. Sin embargo, todos cantaban, la gente estaba extasiada con la reproducción de un tema, no estaba siendo tocando en vivo, pero eso no importaba, sólo importaba cantar y gritar las canciones acompañado de 15 mil fanáticos de Soda y Cerati, que comparten esa añoranza, esa nostalgia de que un exponente de su talla siga vivo en sus canciones.
La interacción y el cierre emotivo
“¿Qué pasa Z?”, interactuó el holograma de Cerati. Todos esperaban algo más, pero no sucedió, arrancó Toma la ruta y siguió el show con esa proyección bailando y cantando, pero sintiéndose lejano, se movía en el escenario con textura, idéntico físicamente a Gustavo, pero sus movimientos no correspondían a una euforia de un concierto, a ése dejarse llevar, a esa catarsis que vivía Cerati en escena. Aún así todos se ponían de pie cuando aparecía la figura.
Z sí interactuó cuando parecía que no se pronunciarían por el retraso: “Gracias por la paciencia, tuvimos un inconveniente, pero la gente puso mucha voluntad y esto está pasando, que lindo encuentro, los amamos”. Finalmente, el concierto cerró con una mezcla de emociones, donde la furia inicial dio paso a un éxtasis colectivo, demostrando que la música de Soda Stereo y el legado de Cerati siguen vivos en el corazón de sus seguidores.



