Tyler The Creator electriza el Palacio de los Deportes en su esperado debut en la Ciudad de México
La oscuridad envolvió el Palacio de los Deportes poco después de las 8:40 de la noche, marcando el inicio de un concierto que los fanáticos habían aguardado durante casi un año. Tras el frustrado cierre en el festival Ceremonia 2025, Tyler The Creator finalmente se presentó en la capital mexicana, descargando toda la energía acumulada en un espectáculo que mezcló su carisma único con un inesperado vínculo con la cultura local.
Un reencuentro explosivo y lleno de adrenalina
Con los primeros acordes de piano de Big Poe, la multitud estalló en un caos controlado: empujones, cervezas volando y tenis que rápidamente perdieron su blancura. Allí estaba Tyler, vestido completamente de mezclilla amarilla, retorciéndose en el escenario con una energía contagiosa. A diferencia de presentaciones anteriores centradas en conceptos elaborados, esta noche fue un recorrido por su trayectoria, aunque manteniendo esencias de su álbum Chromakopia.
Sin máscaras ni alter egos, el rapero se mostró tal cual es: riendo, disfrutando y lanzando insultos a diestra y siniestra. "¡Puto, Puto, Puto!" resonaba constantemente, un grito que el público mexicano recibió con humor y devolvió con creces, creando un intercambio lingüístico que desafió cualquier formalidad.
Catarsis colectiva bajo luces cambiantes
El repertorio avanzó con temas como St. CHROMA, Rah Tah Tah y Noid, mostrando a un Tyler en estado de trance, doblando rodillas y gritando al aire como en un exorcismo musical. Su esencia tétrica y bizarra, lejos de alejar, magnetizó a los asistentes, quienes coreaban al unísono cada "¿Say What?".
La escenografía respondía a cada cambio emocional:
- Violeta para momentos melancólicos
- Amarillo durante raps acelerados
- Naranja cuando la diversión dominaba
- Estrellas acompañando las baladas donde demostró sus habilidades vocales
"¡Tyler hermano ya eres mexicano!", gritaban desde las más de 18 mil personas presentes, mientras las luces se extendían como tentáculos sobre el público.
La conexión mexicana: de los insultos a los tamales
Entre inhaladas de su medicamento para el asma, Tyler mantuvo una energía imparable. Su interacción con el público fue directa y sin filtros: "Quiero escucharlos a todos ustedes perras y todos ustedes putos", decía en inglés, confiando en que todos entendían el juego. Agradeció repetidamente a México, describiéndolo como "salvaje", y se contagió de la energía de la multitud pese a admitir cansancio por la gira.
El momento más simbólico llegó durante Tamale, tema que rinde homenaje a un encuentro con el comediante mexicano Richie O'Farrill. Una bandera mexicana personalizada llegó a sus pies, mostrándolo vestido de charro y comiendo un tamal. "¿Quién hizo esto? Tú, eres genial", felicitó al fan creador, mostrando un lado genuinamente conmovido.
Un cierre tan intenso como el inicio
El concierto culminó con Like Him, New Magic Wand y See You Again, pero no sin antes una última ráfaga de irreverencia. "Púdrete estoy cansado, fuck you estoy cansado", repetía entre risas, desatando el coro unánime de "¡Culero, culero, culero!" que selló la complicidad única de la noche.
Exigiendo que el público "sintiera esta mierda" hasta el último segundo, Tyler dejó a todos satisfechos, sudados, mojados y algunos incluso lastimados por los mosh pits. Una primera cita en CDMX que demostró que, más allá de los insultos y la energía cruda, hubo una conexión auténtica que trascendió idiomas y fronteras.



