Recuerdos de la infancia: Jesús, tormentas y zapatos del diablo
Recuerdos de infancia: Jesús, tormentas y zapatos del diablo

En la vejez, se dice que la memoria reciente se desvanece mientras renace la infantil. En mi caso, que ya estoy en la tercera edad, transitando hacia la cuarta, he recordado muchas anécdotas que deseo compartir.

Encuentro con un supuesto Jesucristo

Cuando éramos niños, mi hermano y yo, de 7 y 8 años, vivíamos frente al templo de San Francisquito, en la calle La Paz y Lafayette. En una de esas casas maravillosas, propiedad de una señora llamada Francia Tesier, a quien nunca conocí, un hombre se instaló en la verja con un tenderete atado al cancel. Al acercarnos, nos dijo que era Jesucristo en persona. Para probarlo, nos mostró una foto de una Biblia donde Jesús miraba a la multitud en el Sermón de la Montaña. Curiosos, le preguntamos qué hacía de nuevo en la Tierra. Respondió que, como la humanidad no le había obedecido, venía a castigarnos. Para ello, tenía dos cohetes en las torres de la Catedral, con una malla en medio para atrapar al Sol. Si la humanidad se portaba bien, liberaría el Sol; si no, nos sumiría en la oscuridad. Confieso que nos retiramos con cierto temor.

Infancia más crédula y divertida

Éramos una infancia más crédula que la actual, pero creo que más divertida. Nos entreteníamos con cosas de la calle que hoy ni siquiera se considerarían. En Guadalajara, las lluvias eran tormentas de furia bíblica que derribaban árboles. En la calle López Cotilla se formaba una corriente fenomenal donde los chiquillos nos bañábamos sin problemas. Al bajar la tormenta, los vecinos iban por la tarde a la iglesia —ya que no había misas vespertinas— a visitar al Santísimo en San Francisquito. Nosotros poníamos tablas y cobrábamos 5 centavos para que las señoras no se mojaran en la corriente. Negocios de niño, pero negocios al fin.

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Personajes únicos de la ciudad

La ciudad tenía personajes singulares. Uno rondaba por la Casa de la Inquisición, actualmente frente a los maravillosos Lonches Amparito. Por 10 centavos, enseñaba los zapatos de la mujer que bailó con el diablo: rojos, de tacón exageradísimo. Contaba la historia de una chica que desobedeció a sus padres, fue a un baile con un joven muy guapo, y al día siguiente, cuando el padre la hizo confesar, fueron a reclamar al joven. Descubrieron que la casa donde se celebró el baile se había quemado muchos años antes.

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