Tradición dominical: comer fuera en Guadalajara
Tradición dominical: comer fuera en Guadalajara

La tradición de comer en familia los domingos sigue vigente. Es el único día que permite reunir a todos, algo complicado entre semana por los distintos horarios laborales y escolares. Antes, los horarios eran diferentes: se trabajaba de 9 a 2 y de 4 a 7, y los sábados solo de 9 a 2. La tarde del sábado era libre y el domingo todo cerraba, excepto los restaurantes. Así, muchas familias optaban por salir a comer para que mamá no cocinara también el fin de semana. Desde que tengo memoria, los domingos eran para comer fuera y estar juntos.

Restaurantes emblemáticos de Guadalajara

En esta columna, recordamos algunos sitios que visitamos, sin orden de antigüedad, preferencia o calidad. A mi papá le encantaba ir los domingos a comer paella a El Casino del Periodista, en la calle Maestranza, junto al Hotel Francés, casi frente a la puerta oriente de Palacio de Gobierno. Era un lugar acogedor, de estilo español, con atención esmerada y comida excelente. También preparaban callos a la madrileña, fabada asturiana y pulpo a la gallega.

Hablando de paella, recuerdo el Copenhagen y el Mesón de Sancho Panza, en Marcos Castellanos, entre Juárez y López Cotilla, junto a una casa del licenciado Emiliano Robles León, diseñada por el ingeniero Luis Barragán. Esa calle ahora está cerrada al tránsito y se encuentra frente al Parque de la Revolución.

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No olvido el Chemary, donde servían paella en ollas de barro que uno podía quedarse o devolver para recuperar el importe. Lo conocí en la avenida Guadalupe, colonia Chapalita.

Milanesas y refrescos clásicos

En la calle Prisciliano Sánchez, esquina con Galeana, estaba el restaurante-bar Astoria, de don Humberto o Sergio René Canchola, famoso por sus milanesas con papas a la francesa. Allí probé por primera vez el refresco Extrapoma Peñafiel, sabor manzana, en botella ámbar con papel estaño dorado y corcholata del mismo color, similar a la cerveza Bohemia. Ese refresco fue mi bebida favorita mientras estuvo en el mercado.

También eran famosas las milanesas de La Alemana, en Miguel Blanco, entre Colón y 16 de Septiembre. Este lugar, uno de los más antiguos de la ciudad, estaba en la planta baja del Hotel Bonsdet, fundado en 1890 por el alemán Maximino Bonsdet, cerca de la Estación del Ferrocarril Central Mexicano. Sus platos representativos eran sesos a la mantequilla negra, riñones al jerez, milanesas, enchiladas y ahogadas, maridadas con su famosa cerveza de barril. Se inauguró en 1907.

Anuncios dominicales en EL INFORMADOR

En aquella época, los domingos, la sección local de EL INFORMADOR publicaba anuncios de restaurantes con menús detallados y costos. Así planeábamos la salida familiar. La oferta era amplia: comida mexicana, española, italiana, francesa, japonesa, cantonesa. Invito a los lectores jóvenes a revisar las páginas antiguas del diario para apreciar la diversidad de lugares.

En Degollado, entre Madero y Prisciliano Sánchez, estaba el Restaurante Toña la Negra, donde probé unas enchiladas de pepián exquisitas. En la misma calle, el Restaurante Capri, entre López Cotilla y Juárez, tenía una sinfonola con gran colección de canciones. Sobre Juárez, el Restaurante Mi Tierra ofrecía su famoso caldo de Indianilla. En Madero, a la vuelta de Degollado, el restaurante del Hotel María Isabel destacaba por su sopa minestrone, escalopas de ternera, agua de horchata y postres como natilla española, flan napolitano o fresas con crema.

Sabores orientales y más

El restaurante Sakura, de comida japonesa, fue el primero en Guadalajara, cerca de la Minerva. Lo abrió la señora Ana María Zaragoza, apoyada por Alejandro y Gaby. Luego, con Andrés Yanomé, se mudó a la calle Guadalupe Zuno, antes Calle del Bosque, por un bosque de eucaliptos en su cruce con Unión. Sakura abrió antes que el Suehiro. En el centro, el Tai-Pak estaba en Corona y López Cotilla.

La oferta gastronómica siempre ha sido amplia. Otros restaurantes recordados: Focolare en Vallarta, Chamberí, El Delfín Sonriente en Niños Héroes, un vagón de ferrocarril Pullman cerca de Diagonal Agustín Yáñez, Valencia en avenida de los Ingenieros, La Copa de Leche, Lido, Tizoc en Arcos, colonia Jardines del Bosque. Los sábados temprano allí me encontraba con el licenciado Guadalupe Zuno Hernández, quien iba por su menudo.

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En los 70, La Gran Fonda en Manuel Ávila Camacho, cerca de Circunvalación, donde había una fuente con la efigie de Francisco Primo de Verdad y Ramos, ilustre abogado de Lagos de Moreno y forjador de la Independencia.

Esta columna no es exhaustiva. Solo quise recordar algunos lugares que vienen a mi memoria. Ustedes seguramente enriquecerán estos recuerdos con los suyos. Agradezco su tiempo y los invito a reencontrarnos la próxima semana en EL INFORMADOR, si Dios quiere. ¿Cafecito con bísquets y mermelada?