La llegada del tour mundialista a México en medio de la violencia
El tour mundialista de la FIFA está programado para llegar a territorio mexicano en febrero próximo, en un contexto marcado por la reciente ola de violencia desatada por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esta situación evoca oscuros recuerdos históricos sobre la relación entre el máximo organismo del fútbol mundial y las crisis sociales en México.
El desdén de la FIFA tras el terremoto de 1985
En 1985, apenas unos días después del terremoto más devastador en la historia de la Ciudad de México, una delegación de la FIFA encabezada por el vicepresidente senior Henry Cavan llegó a la residencia presidencial de Los Pinos. A diferencia de otros organismos internacionales y gobiernos mundiales que ofrecían ayuda humanitaria, los representantes del fútbol global mostraron rostros serios y actitudes de superioridad.
Su único objetivo era supervisar la seguridad de estadios y hoteles tras el sismo, garantizando así la viabilidad de sus negocios relacionados con los derechos de televisión y el mercadeo deportivo. Esta visita dejó claro que para la FIFA, los intereses comerciales primaban sobre la solidaridad en momentos de tragedia nacional.
La herencia corrupta de Havelange y Blatter
Años después, Joao Havelange, quien fuera presidente de la FIFA entre 1974 y 1998, sería señalado internacionalmente como delincuente tras las investigaciones conocidas como el expediente Jennings. El periodista británico Andrew Jennings documentó cómo Havelange recibió sobornos de la empresa de marketing deportivo ISL durante la década de 1990.
"Las acusaciones magullaron el aura de Havelange, quien finalmente renunció a la presidencia honoraria de la FIFA en 2013", señalan los registros históricos. Su sucesor, Joseph Blatter, aunque absuelto por cargos de fraude, continuó la tradición de opacidad que ha caracterizado a la organización.
Paralelos históricos: Colombia y México
La FIFA tiene antecedentes de retirar sedes por problemas de seguridad. En los años 80, le quitó la sede mundialista a Colombia durante la presidencia de Belisario Betancourt, debido a la inseguridad generalizada por el narcotráfico. En ese entonces, el cartel de Medellín estaba en su apogeo con Pablo Escobar como líder, y el movimiento guerrillero M-19 -financiado por el narcotráfico- asaltó el Palacio de Justicia en 1985, dejando alrededor de 100 muertos.
Hoy, México enfrenta una situación similar. Tras la muerte del capo Nemesio "El Mencho" Oceguera Cervantes en un combate contra el Ejército, el CJNG desató una ola de violencia en Guadalajara, ciudad que albergará partidos del próximo Mundial.
La respuesta oficial y las preocupaciones actuales
La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró recientemente que "no hay riesgo alguno para que se lleven a cabo en Guadalajara los partidos de la Copa Mundial de la FIFA". Desde Palacio Nacional, la mandataria afirmó que existen todas las garantías para los visitantes.
Sin embargo, el diario español ABC reportó: "El estallido de violencia este fin de semana en México tiene repercusiones directas en la próxima Copa del Mundo. Guadalajara se convirtió en una zona de guerra, con bancos y supermercados incendiados, autopistas bloqueadas y balaceras".
Juan José Frangie, alcalde de Zapopan donde se ubica el estadio Akron (rebautizado Guadalajara para el mundial), declaró el pasado 7 de enero: "La FIFA te pide informes de todo para evaluar, pero no corren ningún riesgo los partidos". No obstante, la situación ha cambiado drásticamente desde entonces.
El contexto actual de inseguridad
Este año, a pocos metros del estadio donde se jugarán partidos del mundial -incluyendo los de España- aparecieron fosas con cuerpos de personas desaparecidas. Guadalajara se encuentra a apenas 132 kilómetros de donde cayó "El Mencho", lo que ha generado alertas internacionales sobre la seguridad durante el evento deportivo.
La sombra de la corrupción histórica de la FIFA se combina ahora con los desafíos de seguridad contemporáneos, creando un escenario complejo para el desarrollo del tour mundialista en México. Mientras el país se prepara para recibir este evento, las preguntas sobre capacidad institucional y garantías reales de seguridad permanecen sin respuestas definitivas.