La Tristeza que Envolvió a la Perla de Occidente
Guadalajara, conocida cariñosamente como la "Perla de Occidente", atesora en su memoria colectiva un capítulo especialmente doloroso de la historia del fútbol internacional. El 21 de junio de 1986 se convirtió en una fecha imborrable, marcada por la inesperada eliminación de la Selección de Brasil en los cuartos de final del Mundial de México. Aquel día, la ciudad que por años había abrazado con fervor al equipo brasileño, se sumió en un profundo silencio, donde incluso los alegres mariachis callaron sus instrumentos.
Un Amor Forjado en los Campos de Juego
La relación entre Guadalajara y Brasil comenzó a tejerse en 1970, cuando el país fue sede de la Copa del Mundo. Desde entonces, la ciudad se transformó en una base de operaciones y un segundo hogar para la selección. La afición tapatía no solo llenaba el Estadio Jalisco en cada encuentro, sino que adoptó al equipo como propio. Las calles se adornaban con banderas brasileñas, el ritmo de la samba resonaba en cada esquina y cada triunfo se celebraba con la misma pasión que si fuera la selección local.
Hasta antes del fatídico partido contra Francia, Brasil mantenía un invicto impresionante en Guadalajara. En 1970, se impuso a Checoslovaquia (4-1), Inglaterra (1-0), Rumania (3-2), Perú (4-2) y Uruguay (3-1). Luego, en 1986, continuó su racha victoriosa al derrotar a España (1-0) e Irlanda del Norte (3-0) en la fase de grupos, y a Polonia (4-0) en los octavos de final. Sin embargo, todo cambió en un abrir y cerrar de ojos.
El Partido que lo Cambió Todo
El encuentro entre Brasil y Francia, disputado en el Estadio Jalisco, terminó empatado 1-1 tras 120 minutos de intenso juego. La definición llegó en una dramática tanda de penales, donde los franceses se impusieron por un ajustado 5-4. Esta derrota no solo significó la eliminación del torneo para Brasil, sino también el fin de su invicto en suelo tapatío. Para muchos aficionados, fue un golpe devastador e inesperado.
La ciudad, que había vibrado con el talento y el carisma del equipo dirigido por Telé Santana, quedó sumida en una melancolía palpable. El portero Carlos expresó su tristeza tras el encuentro, mientras que el propio Santana llegó a considerar el final de su carrera como entrenador. Las celebraciones se transformaron en reflexión y desilusión, dejando un vacío en el corazón de los habitantes.
Testimonios de una Derrota que Trascendió
La edición impresa de El Informador del 22 de junio de 1986 capturó vívidamente el impacto emocional de aquella jornada. En sus páginas, se relata cómo "se terminó el encanto" y las banderas brasileñas dejaron de ondear. Los aficionados, antes llenos de alegría, ahora bajaban las escaleras del estadio con la cabeza gacha, como seguidores de cualquier equipo derrotado.
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando un joven brasileño, visiblemente abatido, pidió un encendedor en un puesto del estadio. Al ofrecerle cigarrillos, respondió con amargura: 'No, no quiero fumar... ¡quiero quemar la camiseta!'. En las calles, un personaje disfrazado de Chaplin, que antes bailaba al ritmo de la samba, caminaba con lágrimas surcando su maquillaje blanco. Eran llantos brasileños mezclados con llantos mexicanos, unidos en la pena.
Este episodio no fue solo una derrota deportiva; fue el cierre de una relación apasionada entre una ciudad y una selección que duró varios años. Aquel 21 de junio de 1986, la fiesta terminó y la melancolía se instaló en Guadalajara, recordándonos cómo el fútbol puede unir y, a veces, romper corazones.
