Un viaje épico desde Irak hasta México por la pasión futbolera
La historia de Ahmed Husam, un aficionado iraquí que recorrió más de 12 mil kilómetros para llegar a Monterrey, México, con el único objetivo de apoyar a su selección nacional en un partido crucial, demuestra que el amor por el futbol no conoce fronteras ni distancias.
Un periplo intercontinental con múltiples escalas
El viaje comenzó en Bagdad, capital de Irak, y continuó con escalas en Estambul (Turquía), Seattle, Utah y Dallas en Estados Unidos, antes de llegar finalmente a la ciudad mexicana de Monterrey. Aeropuertos saturados, escalas interminables y largas horas de traslado pusieron a prueba no solo su resistencia física, sino también su inquebrantable pasión por el deporte rey.
"Para ser honesto no tengo idea del costo exacto. Sé que son un par de miles, pero no pensé tanto en el dinero como me hubiera gustado. Estaba pensando en clasificar a la Copa del Mundo, y quería estar aquí y vivir el momento", confesó Husam sobre la inversión económica de su travesía.
Un partido con significado histórico para Irak
El encuentro deportivo que justificó este monumental esfuerzo fue el partido clasificatorio entre Irak y Bolivia, disputado este martes 31 de marzo de 2026, donde se jugaba un boleto directo al Mundial 2026. Para la selección iraquí, esta oportunidad representa la posibilidad de regresar a la máxima justa futbolística después de aproximadamente cuatro décadas de ausencia.
"Han pasado como 40 años, y necesitamos esto, ya sabes, especialmente ahora, con lo que está pasando la gente en mi país. Queremos celebrar… porque con el futbol, sin importar lo que pase, te olvidas de todo. Eso te da alegría a ti, a tus amigos, a tu familia…", expresó emocionado el aficionado, destacando el valor simbólico que este partido tiene para su nación.
Encontrando una familia inesperada en tierra mexicana
Lo más sorprendente de esta experiencia para Ahmed Husam no fue solo el partido en sí, sino la cálida recepción que encontró en México. "Mucha gente dudó al principio en venir a México; piensan que no es tan seguro y todo eso. Pero yo no pensé así", comentó, rompiendo con los prejuicios comunes.
"Cuando vinimos aquí, vine para ver un partido de futbol y apoyar a mi equipo, ¿sabes? Pero encontramos una familia, encontramos amor. La gente aquí es increíble. El apoyo que hemos recibido de la gente mexicana es algo increíble", afirmó con genuina emoción, destacando la hospitalidad que experimentó durante su estancia.
Una perspectiva que trasciende el resultado deportivo
Para este apasionado seguidor, el significado de su viaje va mucho más allá del marcador final. "Siempre voy a recordar este viaje...No importa lo que pase. Si perdemos o ganamos, voy a estar feliz de haber estado ahí por mi equipo. Porque incluso si llegamos a perder...Me sentiría muy bien porque estuve ahí apoyándolos pase lo que pase. Y si ganamos, voy a vivir un momento que nunca voy a olvidar en mi vida", reflexionó con profunda convicción.
La historia de Ahmed Husam se convierte así en un testimonio conmovedor de cómo el futbol puede unir culturas, derribar barreras y crear lazos humanos inesperados, demostrando que a veces los viajes más largos nos llevan a descubrir no solo nuevos lugares, sino también la esencia más generosa de la humanidad.



