La voz que definió una era en el Coloso de Santa Úrsula
Para quienes frecuentaron el Estadio Azteca antes de 2018, existe un recuerdo auditivo imborrable: una voz que emergía desde los altavoces, a veces difusa en su claridad, pero inconfundible en su cadencia. Esa voz pertenecía a Melquiades Sánchez Orozco, el narrador oficial del inmueble desde apenas dos semanas después de su inauguración en 1966, quien se convirtió en testigo y protagonista de la historia futbolística mexicana.
El tono que calmaba multitudes
La característica principal de Don Melquiades era su entonación suave y controlada, con un ritmo pausado que servía como contrapunto a la efervescencia de las gradas. Su voz, descrita como aflautada y armónica, se hizo familiar no solo para los asistentes al estadio, sino también para los televidentes durante las décadas de los 80 y 90. "Realmente fui el primero por los altavoces", solía recordar con orgullo el locutor, cuya carrera estuvo intrínsecamente ligada al desarrollo del recinto.
Su labor trascendió el ámbito deportivo. A través de Televisa, participó en campañas de servicio comunitario, popularizando la frase "Canal 5 al servicio, se solicita su colaboración para ayudar a localizar a...", que resonaba en hogares de todo el país. Pero su legado más perdurable se forjó durante los Mundiales de 1970 y 1986, donde anunció alineaciones, cambios y, en ocasiones, la búsqueda de niños extraviados.
Un testigo de la historia futbolística
Desde su cabina en la parte alta del estadio, acompañado siempre por su esposa, Melquiades Sánchez fue testigo de momentos icónicos. Presenció los goles de Diego Maradona ante Inglaterra y la espectacular tijera de Manuel Negrete, cantando cada anotación con la pasión que lo caracterizaba. En una reflexión sobre su trayectoria, declaró: "Yo no soy la voz del estadio, sino las voces de todos los aficionados se hacen una. A mí me da vida el estadio".
Su conexión con el Azteca era tan profunda que, anticipando su eventual partida, expresó: "Me asombro de haber pasado tantos años aquí... espero que me recuerden con la alegría con la que trabajé". Comparó la permanencia del estadio con la vigencia de artistas como Rembrandt o Van Gogh, confiando en que el coloso seguiría escribiendo su historia.
El relevo generacional hacia el Mundial 2026
Con la aproximación del Mundial 2026, que se celebrará parcialmente en México, surge la pregunta inevitable: ¿quién heredará el micrófono del Azteca? El comité organizador busca una voz que combine tradición y modernidad, capaz de capturar la espectacularidad del evento. En este contexto, Nina Cervantes emerge como la candidata principal, al menos para el partido inaugural entre México y Portugal.
Cervantes, con experiencia como presentadora del Club América durante varios años, representa un cambio significativo: no solo es una voz femenina en un espacio tradicionalmente masculino, sino también una figura contemporánea que conecta con nuevas generaciones. Sin embargo, su participación más allá del juego inaugural aún no está confirmada, dejando abierta la posibilidad de que otros locutoras o locutores puedan sumarse.
El legado de una voz inolvidable
Lo cierto es que, como el mismo Melquiades Sánchez anticipó, dificilmente existirá otra voz que encapsule de manera tan auténtica la esencia del Estadio Azteca. Su tono, su cadencia y su presencia generacional marcaron una era. Mientras el mundo se prepara para un nuevo capítulo futbolístico, la transición hacia Nina Cervantes simboliza no solo un cambio de voz, sino la evolución de un ícono que seguirá resonando, ahora con acentos distintos, en el corazón del fútbol mexicano.



