Ana Sofía Hernández: medalla de oro y batalla contra la epilepsia
Arquera mexicana gana con epilepsia

La atleta mexicana Ana Sofía Hernández se coronó campeona en la disciplina de tiro con arco durante los Juegos Centroamericanos Santo Domingo 2026. Sin embargo, su victoria deportiva trasciende el podio, pues convive con un diagnóstico médico crónico que ha marcado su trayectoria profesional y personal. La joven deportista de 23 años enfrentó la competencia bajo el peso de una enfermedad que requiere manejo constante, demostrando una resiliencia que va más allá del rendimiento físico.

El tratamiento diario como parte de la competencia

Cuando Ana Sofía prepara su equipaje para representar a México en eventos internacionales, su rutina incluye elementos que no son estrictamente deportivos. Además de su arco de competición, es obligatorio que lleve consigo su tratamiento farmacológico diario. Este ritual sirve como un recordatorio permanente de que, además de competir contra las mejores tiradoras del continente, libra una batalla interna que pasa desapercibida para el público general.

Fue diagnosticada a los 23 años con epilepsia con trastorno de ausencia, una condición neurológica caracterizada por episodios breves donde la persona pierde la consciencia o la reacción durante segundos. Aunque esta patología podría haber interrumpido su carrera, Hernández ha logrado mantenerse activa en el alto rendimiento. No obstante, el proceso no está exento de desafíos significativos.

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"Físicamente es muy doloroso y emocionalmente es una lucha que tengo conmigo", confesó la arquera. Añadió que, a sus 23 años, la necesidad de ingerir múltiples medicamentos representa una dificultad considerable de aceptar. Los episodios epilépticos tienden a manifestarse durante periodos de estrés elevado o cambios de horario, factores inevitables en la vida de un atleta de élite. Para poder suspender el tratamiento, debe permanecer al menos seis meses sin presentar crisis.

Duelo familiar y presión competitiva

La resistencia mental de Hernández fue puesta a prueba recientemente por eventos personales devastadores. El 6 de marzo de este año, falleció su abuelo materno, Han Hil Jeon Shin, quien desempeñó el rol de juez durante los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Él fue testigo directo de su desarrollo deportivo; cada vez que Ana Sofía competía, le enviaba fotografías y videos para celebrar sus logros. La pérdida ocurrió en un momento crítico, justo antes de volver a la acción competitiva.

"Fue uno de los peores días de mi vida", recordó. La presión temporal fue extrema: apenas una semana después de despedir a su abuelo, regresó a competir en pleno proceso de selección nacional. "Fue muy duro porque pensaba todo el tiempo en él", admitió, demostrando una capacidad de concentración notable bajo luto reciente.

Otro referente importante en su vida es su abuelo paterno, Salvador Hernández, quien nunca pudo verla competir con la selección mexicana pero permanece vivo en la memoria de su infancia. Esta conexión se fortalece en los ranchos familiares, lugares donde no hay señal de internet y reina la paz. "Me encanta salir al rancho donde no hay internet, sólo paz, tranquilidad y naturaleza", describió el entorno que le proporciona estabilidad emocional.

Superación ante la frustración deportiva

El camino hacia el oro centroamericano no fue lineal. En 2023, la falta de oportunidades clasificatorias generó una situación de alta frustración. "Era muy frustrante porque estaba, pero a la vez no", expresó. La acumulación de presiones llevó a la deportista a considerar abandonar el deporte temporalmente si no lograba clasificar. Sin embargo, sucedió lo inesperado: logró clasificarse como la número uno, interpretando ese resultado como una señal clara para continuar luchando.

Las dificultades persistieron en los ciclos de 2024 y 2025, cuando nuevamente quedó lejos de sus objetivos inmediatos. Ante esto, decidió resistir. "Había algo que me decía que no tenía que rendirme. Necesitaba dar el último estirón", señaló. Esta perseverancia culminó en su triunfo actual.

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Hoy, la definición de éxito para Ana Sofía Hernández ha mutado. Ya no lo mide exclusivamente por la obtención de medallas o la posición en el podio, sino por la fortaleza interior desarrollada tras sobrevivir al duelo, la incertidumbre deportiva y la gestión de una enfermedad crónica. Si pudiera encontrarse con la niña que pasaba horas escalando árboles y buscando tesoros en el rancho de sus abuelos, le diría: "No te desesperes. Todo toma su camino. Van a pasar cosas mucho más difíciles". Sus competencias más arduas no tienen rivales visibles, sino que se libran contra la adversidad interna y externa.