La selección mexicana de adiestramiento cerró su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con una cosecha histórica: cinco medallas, tres de oro, una de plata y una de bronce. El responsable de este éxito colectivo fue Antonio Rivera Galarza, exjinete olímpico y jefe de equipo, quien convirtió su promesa inicial en una realidad contundente.
Una promesa cumplida en Santo Domingo
Antes de viajar a República Dominicana, Rivera Galarza sentenció: “Venimos a buscar las medallas”. Lo que parecía un simple vaticinio se transformó en la hoja de ruta de un equipo que dominó la disciplina durante toda la competencia. México no solo subió al podio, sino que lo hizo en cinco ocasiones, confirmando su estatus como una de las potencias del dressage regional.
El exjinete, quien compitió en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, asumió la jefatura del equipo con una convicción clara: el resultado colectivo está por encima de cualquier protagonismo individual. “Muy contento, muy orgulloso por ser elegido como Jefe de Equipo de Adiestramiento en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tengo el orgullo de tener a mi cargo, respecto a su entrenamiento, a cuatro de los cinco jinetes del equipo. Disciplina, trabajo, pasión y unidad”, explicó.
Lebrija y Maldonado, los nombres del triunfo
Mauricio Lebrija Jenkins se erigió como la gran figura del certamen. El jinete mexicano conquistó la medalla de oro en la final individual, añadió otro primer lugar en la Round 3 y fue pieza clave en el equipo que se adjudicó el oro por equipos. Su actuación fue un despliegue de precisión y armonía que marcó la diferencia frente a sus rivales.
Carlos Maldonado Lara también dejó huella al conseguir una medalla de plata en la Round 3 y un bronce en la final individual. Gracias a sus resultados y a los de Lebrija Jenkins, México se colocó en lo más alto del podio centroamericano, con una actuación que será recordada por años.
La filosofía del binomio, clave del éxito
Para Rivera Galarza, el triunfo no es casualidad. Su filosofía se fundamenta en la unión inseparable entre el jinete y el caballo. “Aquí no compite solo el jinete; competimos como un binomio. El caballo y el ser humano tienen que entenderse, confiar el uno en el otro y trabajar como si fueran uno mismo”, señaló el jefe de equipo.
A diferencia de otras disciplinas ecuestres, el adiestramiento no valora la velocidad ni la fuerza, sino la precisión, el ritmo y la conexión. Los jueces evalúan la obediencia del caballo, el equilibrio, la exactitud de los movimientos, las transiciones y la armonía general de cada rutina. Esa exigencia técnica convierte a cada presentación en una prueba de confianza mutua.
Una carrera construida sobre medallas
La trayectoria de Antonio Rivera Galarza respalda su liderazgo. El exjinete acumula 12 medallas internacionales: cuatro oros, tres platas y cinco bronces. Además, fue campeón individual y por equipos en el Campeonato de Norteamérica de Adiestramiento de 1998, representó a México en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 y participó en campeonatos mundiales, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Esa experiencia de más de tres décadas ahora se aplica desde fuera de la pista. Rivera Galarza ya no sostiene las riendas en competencia, pero su misión es igualmente importante: formar y acompañar a una nueva generación de jinetes mexicanos. El resultado de su trabajo está a la vista con las cinco medallas conseguidas en Santo Domingo 2026.
Un futuro prometedor para el dressage mexicano
La actuación en República Dominicana no solo representa un logro inmediato, sino también una base sólida para el futuro. México demostró que cuenta con jinetes de primer nivel, respaldados por un jefe de equipo que conoce cada detalle de la disciplina. La promesa de Antonio Rivera Galarza antes de viajar era clara: “venimos a buscar las medallas”. México regresó con ellas, y con la certeza de que el adiestramiento nacional vive uno de sus mejores momentos históricos.



