La educación no cierra la brecha salarial: hogares con jefatura femenina ganan 24% menos
Brecha salarial persiste: hogares con jefatura femenina ganan 24% menos

La educación no cierra la brecha salarial: hogares con jefatura femenina ganan 24% menos

Una idea que se repite constantemente en los discursos sobre movilidad social es que "si estudias más, te va mejor". De forma general, esta premisa contiene verdad, pero en México presenta una realidad mucho más compleja y desigual cuando analizamos las diferencias por género. Los datos revelan que, aunque el ingreso laboral del hogar tiende a crecer conforme aumenta el nivel educativo de quien lo encabeza, esta mejora no llega de igual manera para hombres y mujeres.

El género marca el techo de los ingresos

Antes de hablar de estudios, existe una realidad clara e innegable: el género determina el límite máximo de los ingresos familiares. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, un hogar con jefatura femenina percibe, en promedio, un ingreso laboral de 14,123 pesos mensuales, mientras que en aquellos encabezados por hombres la cifra se eleva a 18,502 pesos. Esto significa que el ingreso por trabajo de los hogares con jefatura femenina es 24 % menor que el de los hogares con jefatura masculina, una diferencia sustancial que marca desde el inicio una desventaja económica.

La educación amplía la brecha en lugar de cerrarla

Podríamos pensar que la educación superior disminuiría esta diferencia entre los ingresos, pero los datos muestran exactamente lo contrario. A mayor escolaridad, el ingreso laboral del hogar efectivamente sube, confirmando que existe esa escalera hacia la movilidad social. Sin embargo, la brecha entre hogares con jefatura masculina y femenina se mantiene en todos los niveles educativos y, lejos de desaparecer, tiende a ampliarse precisamente donde se esperaría que se cerrara.

En los niveles de mayor especialización es donde el mercado laboral castiga con más fuerza a los hogares encabezados por mujeres. El ingreso laboral de un hogar con un jefe de familia profesionista es, en promedio, de 29,319 pesos mensuales, mientras que un hogar con una jefa con el mismo nivel educativo alcanza apenas los 22,037 pesos, lo que representa 25 % menos. Estos datos revelan que, incluso cuando hay educación profesional de por medio, los hogares encabezados por mujeres siguen quedando por debajo en términos económicos.

La barrera invisible: los cuidados no remunerados

La desigualdad entre mujeres y hombres no sólo se manifiesta una vez que están insertos en el mercado laboral, sino desde su entrada al mismo. Si observamos las tasas de participación laboral, comprendemos parte fundamental del problema: durante 2025, mientras que el 74.8 % de los hombres estaban insertos en el mercado laboral, el porcentaje de las mujeres fue sólo el 45.7 %. Esta diferencia de casi 30 puntos porcentuales nos indica que muchas mujeres están fuera del mercado, pero no por elección propia.

La razón principal radica en que las mujeres se mantienen ocupadas en tareas que el mercado no paga: los cuidados. Cuando la responsabilidad del cuidado de las niñas y niños, las personas con discapacidad o las personas adultas mayores recae de manera desproporcionada en las mujeres, se limita drásticamente su acceso a oportunidades de empleo mejor remuneradas. Una de las causas fundamentales de esta desigualdad se encuentra en la insuficiente infraestructura de cuidados en el país.

Cuando el Estado no provee suficientes servicios de cuidado de calidad, son las mujeres quienes asumen el costo de esta deficiencia mediante su tiempo y trabajo no remunerado, creando un círculo vicioso que perpetúa la desigualdad económica.

Políticas públicas: un paso adelante, pero insuficiente

Entonces, si bien un mayor grado educativo es clave para la movilidad social, esta receta no tiene efectos similares en mujeres y hombres. Incluso, para poder acceder a sus beneficios, las mujeres deben sortear antes otras barreras estructurales, como la estrecha entrada al mercado laboral, relacionada principalmente con sus labores de cuidados no remunerados.

En ese sentido, hace falta una política pública integral que ataque la raíz del problema. La creación del Anexo 31 para la Consolidación de una Sociedad de Cuidados para 2026, con un presupuesto de 466 mil 675 millones de pesos, representa un paso hacia adelante, pues reconoce que los cuidados no son un asunto privado, sino un componente fundamental de la estructura económica del país.

Sin embargo, el anexo por sí mismo no constituye la solución completa. Convertir ese presupuesto en una política sistémica que realmente reduzca brechas exige:

  • Coordinación efectiva entre instituciones
  • Servicios suficientes y de calidad
  • Una ruta clara que se traduzca en más mujeres pudiendo entrar, permanecer y crecer en el mercado laboral
  • Condiciones salariales en igualdad de circunstancias

El camino hacia la igualdad real

Cerrar las brechas económicas implica lograr que la educación se convierta en oportunidades reales sin importar el sexo de quien encabeza el hogar. Si el objetivo genuino es el crecimiento económico sostenible y el bienestar de toda la población, un sistema de cuidados debe dejar de ser una promesa presupuestaria y convertirse en servicios concretos que:

  1. Liberen tiempo valioso para las mujeres
  2. Abran la puerta del mercado laboral a más mujeres
  3. Permitan el desarrollo profesional en condiciones de igualdad
  4. Reconozcan el valor económico del trabajo de cuidados

Sólo mediante políticas integrales que aborden tanto la educación como los sistemas de cuidados podremos construir una sociedad donde la movilidad social sea realmente accesible para todos, independientemente del género.