Jornada de 40 horas: un reto económico estructural para México, advierte analista
La transición hacia una jornada laboral de 40 horas semanales en México, con remuneración obligatoria de horas extra desde la hora 41, constituye un cambio estructural de gran relevancia que redefinirá la dinámica entre costos empresariales, productividad y bienestar social, según el análisis del experto financiero Manuel Herrejón Suárez.
Un cambio que trasciende lo laboral
Tras la aclaración de autoridades federales sobre el pago adicional desde la primera hora trabajada por encima del límite legal, Herrejón Suárez enfatizó que esta medida no debe examinarse exclusivamente desde su dimensión laboral, sino como un ajuste con profundas implicaciones económicas estructurales para el país.
"El cambio transforma el tiempo laboral en un costo más explícito", explicó el analista. "Esto obliga a las empresas a reorganizar procesos, invertir en productividad o absorber mayores gastos. No es sólo una reforma laboral; es un estímulo económico con efectos sistémicos".
Contexto internacional y productividad
Herrejón subrayó que el impacto debe evaluarse considerando que México se ubica entre los países con mayor número de horas trabajadas anuales, pero con uno de los niveles salariales más bajos entre economías comparables. Esta combinación evidencia que el problema central del mercado laboral mexicano no es la duración de la jornada, sino la productividad por hora trabajada.
Desde esta perspectiva, la reducción del tiempo laboral podría mejorar condiciones de bienestar y salud, pero también obligará al sistema económico a enfrentar una transición hacia modelos de generación de valor más eficientes y modernos.
Impacto diferenciado por sectores
El analista indicó que el efecto de la reforma no será homogéneo:
- Grandes empresas: Cuentan con mayor capacidad financiera y tecnológica para reorganizar operaciones, automatizar procesos o redistribuir cargas de trabajo.
- Micro, pequeñas y medianas empresas: Podrían enfrentar presiones inmediatas sobre sus costos laborales, siendo este segmento el que concentra la mayor proporción del empleo formal en el país.
"El riesgo no está en la reforma en sí, sino en su implementación sin políticas complementarias que impulsen productividad", advirtió Herrejón. "Si el costo laboral aumenta sin mejoras en eficiencia, puede haber efectos en precios, márgenes de rentabilidad o niveles de formalidad del empleo".
Lecciones internacionales y camino a seguir
La experiencia internacional muestra que jornadas más cortas pueden coexistir con economías altamente competitivas, pero sólo cuando están acompañadas de:
- Inversión en innovación y desarrollo tecnológico
- Capacitación laboral continua
- Modernización organizacional profunda
En este sentido, Herrejón consideró que el nuevo esquema podría convertirse en un catalizador de transformación productiva si se articula con políticas públicas orientadas a fortalecer capital humano, digitalización empresarial y desarrollo tecnológico. De lo contrario, el ajuste podría trasladar tensiones al sistema económico sin modificar su estructura de fondo.
El debate de fondo
Para Manuel Herrejón Suárez, la discusión fundamental no gira únicamente en torno al número de horas trabajadas, sino a la capacidad del país para generar mayor valor económico por cada hora de trabajo. "La discusión real es si México puede sostener un modelo laboral más equilibrado con una economía más productiva. La hora 41 marca el inicio de ese desafío", concluyó el analista.
Este análisis subraya cómo la reforma laboral representa un punto de inflexión que exigirá adaptaciones significativas en el tejido empresarial mexicano, con consecuencias que se extenderán más allá del ámbito laboral hacia la competitividad económica nacional.