Leonas en Manada: La lucha de las vagoneras por el reconocimiento en el Metro
En los vagones del Metro de la Ciudad de México, un grupo diverso de mujeres, incluyendo adultas mayores, estudiantes, madres solteras, jóvenes, personas con discapacidad e indígenas, se ha unido bajo el nombre Leonas en Manada. Este colectivo se dedica a la venta de productos de bajo costo, como vendas elásticas, libros y artículos de uso diario, mientras enfrenta una batalla constante por el reconocimiento de sus derechos laborales en un entorno marcado por la informalidad y la violencia.
La realidad del "vagonear": Autoempleo y desafíos
"Vagonear", como ellas lo llaman, es una forma de autoempleo donde cada mujer elige su producto, línea del Metro, horario y vagón (masculino o femenino) para trabajar. Isis Campos, de 28 años, recita de memoria su oferta mientras recorre los vagones, acompañada por Rocío Velázquez (51), Ivonne Ocaranza (30) y Ángeles Medina (58). Muchas llevan décadas en este oficio, que aunque no asegura altos ingresos, ofrece flexibilidad y autonomía. Sin embargo, la venta informal en el transporte público está prohibida, lo que las invisibiliza como trabajadoras y las expone a riesgos.
Violencias y criminalización en el Metro
Las Leonas en Manada se organizan para protegerse mutuamente de múltiples violencias. Durante sus jornadas, se turnan para vender, se cuidan de cámaras y, especialmente, de policías que pueden acosarlas, detenerlas por hasta 36 horas, multarlas, sembrarles droga o quitarles su mercancía. También enfrentan agresiones de usuarios del Metro que las golpean o les impiden pasar. La criminalización no solo ocurre en flagrancia, sino a través del "paneo", donde son identificadas por cámaras aunque no estén vendiendo en ese momento.
Rocío Velázquez argumenta: "Al final de cuentas una trabaja por necesidad y no por venir a incomodar... Muchas personas se preguntarán: '¿Y por qué no buscas un trabajo?' Es que lo he buscado, es que lo he trabajado, pero no me alcanza". Patricia Martínez, vocera de 55 años con 37 trabajando en el Metro, añade con orgullo: "Si yo no digo que soy vagonera, voy a perder mi identidad. Me gusta lo que hago, lo único que no me gusta son las violencias que existen".
Origen y organización del colectivo
Leonas en Manada comenzó a formarse a principios de 2021, inspirada por grupos feministas que instalaron "mercaditas" durante la pandemia de COVID-19. Al agruparse, las vagoneras identificaron las violencias que enfrentaban y decidieron organizarse. Su nombre, sugerido por vendedoras colombianas y adaptado a "en manada", refleja su movimiento conjunto por las 12 líneas del Metro para cuidarse unas a otras. En su apogeo, llegaron a ser 150 integrantes; hoy son alrededor de 40.
En 2024, lograron constituirse como asociación civil gracias al apoyo de WIEGO (Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando), que les brindó terapia psicológica y talleres para no normalizar las violencias. Además, accedieron a un donativo de Fondo Semillas, un fondo feminista en México que las reconoce como trabajadoras y activistas. Gabriela Toledo, codirectora del fondo, menciona: "Las vagoneras son de las organizaciones por las que estamos apostando para fortalecer su movimiento... además trabajan y son activistas".
Logros y objetivos futuros
El apoyo les permitió contratar a la abogada Ana Paola Bolaños, un avance significativo frente a autoridades que antes las intimidaban preguntándoles si traerían abogada. Ivonne Ocaranza expresa: "Yo me siento contenta porque por primera vez tenemos una abogada que nos ha defendido". Hasta ahora, han obtenido diez locales de venta en la estación Jamaica, asignados a mujeres con más antigüedad, y buscan crear la primera guardería para sus hijos.
Patricia Martínez ha propuesto a las autoridades medidas como el uso de uniforme y gafete, evitar horas pico, establecer horarios laborales definidos y pagar impuestos en lugar de multas. Ángeles Medina, con 40 años como vagonera, anhela un puesto fijo: "Ya me cansé, estoy cansada de estar en los vagones. Por eso estamos luchando". El colectivo sigue a la espera de oportunidades para dignificar su trabajo y reducir las violencias diferenciadas que enfrentan, como favores sexuales exigidos por algunos hombres en el Metro.
