La vida de Robert Maxwell: una saga que supera la ficción
En 1987, el presentador de la BBC Desert Island Discs afirmó que Robert Maxwell podría vender su historia a Hollywood para una exitosa miniserie. Y tenía razón, pues su vida respalda la teoría de que la realidad a menudo supera la ficción. Lo que entonces no se sospechaba era que los capítulos finales de esa saga serían oscuros, manchando el apellido Maxwell con infamia, no solo por las acciones del magnate, sino por las de su hija preferida, Ghislaine, pieza central en el entramado de explotación sexual de menores vinculado a Jeffrey Epstein.
De la miseria a la fortuna: los inicios de un titán
Robert Maxwell nació como Jan Ludvik Hoch el 10 de junio de 1923 en Slatinske Doly, un pueblo en los montes Cárpatos de Checoslovaquia, en extrema pobreza. Sus padres, judíos ortodoxos, vivían en una choza de una sola habitación con siete hijos que compartían hasta los zapatos. "Lo que recuerdo es que casi todo el tiempo tenía hambre", confesó a la BBC. Sin embargo, poseía un talento excepcional para los idiomas, hablando yiddish, checo, rumano, húngaro, eslovaco, francés, alemán, ruso e inglés.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se unió a la resistencia contra los nazis, fue detenido, torturado y condenado a muerte por espionaje, pero escapó gracias a la intervención diplomática francesa. Tras llegar a Reino Unido, aprendió inglés rápidamente y se alistó en el ejército británico, donde luchó con valentía, emergiendo como oficial condecorado con la Military Cross. La paz trajo tragedia: casi toda su familia murió en Auschwitz, lo que lo llevó a cambiar su nombre a Robert Maxwell para evitar el antisemitismo.
Construcción de un imperio y sombras familiares
En 1945, Maxwell se casó con Elizabeth Betty Maynard, a quien prometió ganar una Cruz Militar, reconstruir una familia, hacer su fortuna, ser primer ministro de Reino Unido y hacerla feliz. Cumplió tres de esas promesas. Juntos tuvieron nueve hijos, pero la tragedia los acechó: Karine murió de leucemia a los 3 años, y Michael, el hijo mayor, quedó en coma tras un accidente automovilístico en 1961, falleciendo siete años después. Este evento marcó un punto de inflexión, transformando a Maxwell en un tirano temible, según su biógrafo John Preston.
Profesionalmente, Maxwell demostró un don para los negocios. En 1951, compró una editorial académica infravalorada, la rebautizó como Pergamon Press y la convirtió en el mayor editor de publicaciones académicas del mundo. Su éxito le permitió ingresar a la política en 1964 como miembro del Parlamento por el Partido Laborista, destacándose por impulsar leyes como la de Aire Limpio. Sin embargo, en 1969, surgieron dudas sobre la contabilidad de Pergamon, y un informe oficial lo calificó como "no una persona en la que se pueda confiar".
El ascenso y la caída de un magnate mediático
A pesar del escándalo, en 1980 Maxwell asumió el control de la British Printing Corporation, renombrándola Maxwell Communications Corporation (MCC) y transformándola en un conglomerado de medios influyente. Adquirió numerosas editoriales y periódicos, incluyendo el Daily Mirror en 1984, que revitalizó tras años de declive. En 1991, logró otro triunfo al rescatar el neoyorquino The Daily News de disputas laborales, siendo recibido como un héroe.
Pero su obsesión por superar a rivales como Rupert Murdoch lo llevó a movimientos audaces que erosionaron su imperio. En 1991, lanzó MGN como empresa pública para recaudar efectivo, ya que sus deudas superaban los US$7.750 millones actuales. La desesperación financiera se reveló plenamente tras su muerte.
Misterio en el mar y legado de infamia
El 5 de noviembre de 1991, Maxwell desapareció de su yate Lady Ghislaine cerca de Tenerife. Su cuerpo fue recuperado días después, y las autoridades concluyeron que fue un ahogamiento accidental, aunque surgieron teorías de suicidio o asesinato. Inicialmente, los obituarios elogiaron sus logros, pero semanas después se descubrió un agujero de £460 millones en los fondos de pensiones de sus empresas, usado para mantenerlas a flote.
El escándalo financiero llevó al colapso de su imperio, con empresas en quiebra y propiedades subastadas. Sus hijos Kevin e Ian fueron procesados pero absueltos en 1996. Maxwell pasó a simbolizar la villanía corporativa, y su familia quedó expuesta al escrutinio público. Ghislaine, su hija preferida, se refugió en Nueva York y, una década después, fue condenada a 20 años de prisión por su papel en los crímenes de Jeffrey Epstein, manchando aún más el legado familiar.
En Desert Island Discs, Maxwell expresó su deseo de dejar el mundo un poco mejor. Sin embargo, su historia terminó como una advertencia sobre la ambición desmedida y las sombras que pueden acechar tras el éxito aparente.