El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, cometió un error garrafal que arrastró la imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, según coinciden analistas y actores políticos. El intento de recorte al calendario escolar, anunciado el viernes pasado, generó una ola de rechazo que culminó con su reversión. Este episodio se perfila como un caso de estudio sobre cómo no proceder en la administración pública.
La postura de Jalisco fue clave
El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, se erigió como uno de los principales opositores a la medida. Junto con los mandatarios de Guanajuato y Nuevo León, encabezó el rechazo. A ellos se sumaron organizaciones civiles, académicas, religiosas y empresariales, todas manifestando su inconformidad de forma airada.
Lecciones del conflicto
Este episodio deja varias enseñanzas. Por un lado, demuestra que las decisiones gubernamentales pueden revertirse si se expresan correctamente las causas y se unen esfuerzos. Es una lección para los partidos de oposición y otros factores de poder. A pesar de que 24 gobiernos estatales están alineados con Morena, los gobernadores de otras entidades pueden elevar a la agenda pública causas que impacten en decisiones nacionales.
Además, el caso evidencia la necesidad de la división de poderes en un espacio democrático y el daño que provoca la concentración de poder. La decisión inicial, tomada por la SEP en conjunto con secretarios estatales, iba contra toda lógica y beneficio del sector educativo.
Una lección negativa
El episodio también revela la politización del sistema educativo nacional y la escasa base técnica de las decisiones. La ausencia de rigor académico y el poco valor otorgado a la educación pueden llevar a determinaciones que perjudican a estudiantes de educación básica, al magisterio y a la sociedad en general, solo por razones como el clima o eventos deportivos. En el sistema educativo mexicano es fácil perder la brújula.



