Freddie Mercury, reconocido mundialmente como uno de los vocales más influyentes en la historia del rock, cultivó una pasión privada tan intensa como su talento musical: su devoción por los animales. Lejos de los escenarios llenos de energía, el cantante británico encontró en sus mascotas una fuente de compañía incondicional y afecto. Su vínculo con los felinos fue tan significativo que no solo definieron aspectos de su vida cotidiana, sino que también inspiraron composiciones musicales memorables.
De Tom y Jerry a una familia de diez
La relación entre el vocalista de Queen y los gatos comenzó formalmente cuando recibió a Tom y Jerry como regalo de Mary Austin, su expareja sentimental y figura central en su vida personal. A medida que transcurrían los años, la residencia del músico se convirtió en un hogar compartido con una colonia felina que llegó a contar con diez miembros. Esta numerosa familia incluía a Tom, Jerry, Delilah, Tiffany, Dorothy, Goliath, Óscar, Romeo, Miko y Lily.
Mercury trataba a cada uno de estos animales como integrantes esenciales de su núcleo familiar, brindándoles atención constante y cariño. Sin embargo, dentro de este grupo, existía un vínculo particularmente estrecho con Delilah, quien ocupaba un lugar privilegiado en el corazón del artista.
El tributo musical a Delilah
La gata tricolor ingresó al hogar de Mercury en 1987 y rápidamente estableció una rutina de cercanía física que marcó profundamente al compositor. Era común verla durmiendo a los pies de la cama o acurrucada junto al músico, una dinámica diaria que sirvió de musa para una de las letras más emotivas de su discografía.
Este sentimiento dio origen a la canción "Delilah", incluida en el álbum Innuendo, publicado en 1991. En la composición, Mercury articula el amor y la felicidad derivada de compartir su existencia con su mascota favorita. Para realzar el homenaje, Brian May, guitarrista de la banda, empleó su instrumento para imitar el sonido de un maullido, añadiendo una capa sonora única que refuerza el carácter íntimo de la pieza.
El destino de los felinos tras el fallecimiento
Tras el fallecimiento de Freddie Mercury el 24 de noviembre de 1991, la custodia de los gatos que residían en Garden Lodge recayó en Mary Austin. La situación familiar de Austin cambió con el tiempo; al tener ya un hijo y estar esperando otro bebé, tomó la decisión logística de reubicar a algunos de los animales.
Austin buscó nuevos hogares para los gatos entre personas de su círculo cercano y de confianza, asegurando que continuaran recibiendo el mismo nivel de cuidado y afecto que les había otorgado el cantante. Este arreglo garantizó el bienestar de las mascotas durante la transición posterior a la muerte de su dueño. Así, además de su legado artístico, Mercury queda registrado por su profunda empatía hacia los animales, quienes formaron parte fundamental de su vida privada y de las anécdotas más personales que rodean su trayectoria.



