La noche del 22 de septiembre de 2002, Laura Zapata y Ernestina Sodi salían de una función de la obra La casa de Bernarda Alba en la Ciudad de México. Lo que parecía una velada normal se convirtió en una pesadilla cuando, al viajar en automóvil, fueron interceptadas por una camioneta y otro vehículo que bloqueaban el paso. Laura recordó en una entrevista con Yordi Rosado el momento en que notó el peligro: “Empezamos a ver una camioneta con un coche, como que se están peleando, y de repente vemos que de la camioneta baja un cuate con armas largas y le digo ‘wow, traen armas largas y vienen hacia nosotras’. Con la culata del arma rompe mi vidrio, yo me quité un anillo de brillantes y me lo metí en el busto, abrí la puerta y dije: ‘Que se lleven el coche’”. Sin embargo, los hombres no se conformaron con el vehículo; ambas fueron privadas de la libertad y trasladadas a una casa de seguridad.
El secuestro de 2002
Una vez en el cautiverio, los captores dejaron claro el objetivo: “Esto es un secuestro, no es nada personal”, según narró Zapata. El rescate exigido era de cinco millones de pesos, y esperaban que el dinero fuera entregado por Tommy Mottola, esposo de Thalía, hermana de las víctimas. Laura respondió con franqueza: “No sé si tiene uno, dos o cinco millones de pesos y no creo que por mí vaya a dar ni un peso”.
El secuestro duró aproximadamente 45 días en total, aunque Laura fue liberada antes que Ernestina. Este periodo de angustia marcó a la familia Sodi, pero las secuelas emocionales se agravaron con el paso del tiempo cuando las hermanas comenzaron a ofrecer versiones distintas de lo ocurrido.
Las versiones encontradas
En 2005, Ernestina Sodi publicó Líbranos del mal, un libro donde relató su experiencia. Describió el horror de ser transportada en la cajuela de un automóvil: “Me meten en la cajuela (maletero) de un coche, amarrada de pies y manos. Lo primero que siento es que me falta el aire y después, cuando me ponen la colcha encima comienzo a volverme loca. Es la sensación más terrible que he experimentado. En la oscuridad de la cajuela pienso que me van a matar”. En sus memorias, Ernestina aseguró que Thalía participó en las negociaciones y que durante el cautiverio fue víctima de una agresión sexual.
Estos testimonios contrastaban con lo declarado anteriormente por Laura. Mientras Ernestina afirmaba que su hermana había intervenido para retrasar su liberación, Laura sostenía que, estando juntas, no hubo agresiones sexuales y que ella misma buscó ayuda de Genaro García Luna, entonces titular de la Agencia Federal de Investigaciones, para lograr la libertad de Ernestina.
Las acusaciones que rompieron la hermandad
La publicación del libro abrió una brecha insalvable. Ernestina llegó a sugerir que el secuestro pudo haber sido planeado por Laura para obtener dinero de Thalía y Tommy Mottola. Laura reaccionó con sorpresa y dolor. En una entrevista con El gordo y la flaca, dijo sobre la presunta agresión sexual de su hermana: “Para mí ha sido una sorpresa. Es algo muy doloroso, muy triste, (…), muy sucio, algo que yo sabía desde un principio”. Aunque aclaró que no podía confirmar los hechos porque no estaba con Ernestina en ese momento, más tarde, en El minuto que cambió mi destino, Laura rechazó algunos relatos del libro.
El distanciamiento afectó también la relación con Thalía y el resto de la familia. Laura expresó su sentir: “Toda esta traición a nuestro dolor y a nuestra hermandad juntas, pues me llevó mucho tiempo entenderlo. Fue algo tremendo, no solamente el secuestro, el levantón, sino el encontrarme con y descubrir qué era eso y después la traición, la traición de la sangre”.
El regreso del caso
Más de dos décadas después, el caso volvió a los reflectores. Laura Zapata fue citada para declarar debido a una solicitud de Armando Figueroa, alias “El Duende”, uno de los hombres sentenciados por el secuestro. Figueroa fue detenido en 2003 y sentenciado al año siguiente. Laura se mostró sorprendida: “Los abogados me dicen que probablemente tengo que acudir, tengo que responder, pero pues sí me sorprende muchísimo. Desde el 2004 están en la cárcel, están purgando una sentencia larga por el secuestro”.
La actriz señaló a Figueroa como el presunto agresor sexual de Ernestina, aunque esa acusación no ha sido confirmada judicialmente. Laura agregó: “Yo ya no tengo nada que ver, es un caso juzgado, soy la víctima, él es un delincuente”.
Consecuencias familiares
El secuestro no solo dejó cicatrices psicológicas, sino que fracturó para siempre la relación entre las hermanas Sodi. Laura Zapata y Ernestina Sodi nunca lograron reconciliarse. Mientras que Ernestina falleció en 2023, Laura sigue enfrentando las repercusiones del caso, incluida la revictimización que implica declarar nuevamente. La historia de aquel 22 de septiembre de 2002 es un recordatorio de cómo un hecho traumático puede derivar en acusaciones, desconfianza y rupturas irreparables dentro de una familia.



