Estados Unidos pierde 11 millones de barriles de petróleo en una semana
EU pierde 11 millones de barriles de petróleo en una semana

Las reservas de petróleo de Estados Unidos sufrieron una doble caída en la última semana: los inventarios comerciales disminuyeron en 7.2 millones de barriles, mientras que el gobierno retiró otros 3.8 millones de la Reserva Estratégica de Petróleo, sumando una pérdida total de aproximadamente 11 millones de barriles almacenados durante los siete días terminados el 24 de julio. Este descenso ocurre en un momento de alta tensión geopolítica por la guerra en Oriente Medio, que amenaza el transporte y la infraestructura energética global.

Caída mayor a la esperada

El mercado fue sorprendido por la magnitud de la reducción, ya que los analistas consultados por Bloomberg anticipaban un aumento de alrededor de un millón de barriles en las existencias comerciales. El resultado real quedó 8.2 millones de barriles por debajo de lo proyectado. Según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA), la reducción se debió a una caída semanal del 2.12% en las importaciones y un incremento del 3.40% en las exportaciones. Además, una modificación estadística de la agencia disminuyó en 468,000 barriles diarios el volumen contabilizado como entrada de petróleo al mercado estadounidense.

Reservas estratégicas bajo presión

La reducción profundiza la vulnerabilidad de los inventarios del país. Un análisis de Franklin Templeton muestra que las reservas totales de petróleo en Estados Unidos se encuentran cerca de sus niveles más bajos desde la década de 1980, después de haber alcanzado máximos entre 2015 y 2020. El gobierno estadounidense continúa utilizando sus reservas estratégicas para contener las disrupciones provocadas por la guerra. Hasta ahora se han liberado cerca de 107 millones de barriles de los 172 millones comprometidos por Washington, lo que representa alrededor del 62% del volumen anunciado, quedando aproximadamente 65 millones de barriles por liberar.

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La reserva estratégica funciona como un colchón para enfrentar interrupciones extraordinarias del suministro. Sin embargo, cada extracción reduce el margen disponible para responder a una eventual afectación mayor, como el cierre del estrecho de Ormuz o ataques contra instalaciones petroleras. El riesgo aumentó después de que Irán atacó una base militar estadounidense en Jordania. Aunque el Comando Central de Estados Unidos informó que los proyectiles fueron interceptados, Washington y Arabia Saudita respondieron con ataques contra grupos respaldados por Teherán en Iraq. El presidente Donald Trump advirtió posteriormente que el ejército estadounidense golpearía con fuerza a Irán, poniendo fin al tono conciliador utilizado durante el fin de semana y disminuyendo las expectativas de una desescalada inmediata.

Petróleo borra pérdidas y sube con fuerza

La renovada tensión geopolítica provocó fuertes incrementos en los precios de la energía. El petróleo WTI cotizaba en 84.71 dólares por barril, con un avance del 6.88%, mientras que el Brent se ubicaba en 88.04 dólares, un incremento del 7.26%. Estas alzas interrumpieron tres sesiones consecutivas de pérdidas. Aun después de esa corrección, el WTI acumula un aumento de aproximadamente el 25.6% desde el inicio de la guerra, mientras que el Brent avanza cerca del 24.4%.

El gas natural europeo también registró presiones, cotizando alrededor de 60.79 euros por megavatio hora, con un incremento diario del 5.31%, y acumula un encarecimiento superior al 90% desde el comienzo del conflicto. El principal riesgo sigue siendo el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del petróleo y del gas natural licuado comercializado mundialmente. Una interrupción prolongada elevaría los costos de transporte, seguros, combustibles y electricidad, incluso si la producción física no resultara afectada de inmediato.

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Presión inflacionaria renovada

El encarecimiento energético puede trasladarse rápidamente a los precios de la gasolina, el transporte, los alimentos y los bienes manufacturados. Además, incrementa los costos de producción de empresas que utilizan combustibles, electricidad, plásticos, fertilizantes o servicios logísticos. El problema para los bancos centrales es que el shock ocurre cuando la inflación todavía no ha desaparecido completamente. En Estados Unidos, el índice general de precios se ubicó en 3.5% anual en junio, por encima de la inflación subyacente de 2.6%, según cifras incluidas en la perspectiva de Franklin Templeton. La gestora muestra que los riesgos inflacionarios se encuentran sesgados al alza y que los precios son particularmente sensibles a un régimen prolongado de petróleo caro.

Para México, los escenarios relacionados con un mayor premio petrolero colocan la inflación por encima de la trayectoria base. Este 29 de julio, la Reserva Federal decidió mantener su tasa de referencia en un rango de 3.50% a 3.75% por quinta reunión consecutiva. Sin embargo, la decisión mostró una división relevante: tres de los 12 participantes votaron por elevarla en 25 puntos base. La disidencia refleja que una parte del banco central considera que el repunte de las materias primas podría requerir condiciones monetarias todavía más restrictivas. Antes de la decisión, el mercado ya había vuelto a incorporar la posibilidad de un incremento de 25 puntos base en septiembre. Incluso si la Fed no aumenta la tasa, el petróleo caro reduce el espacio para recortarla y obliga a mantener el costo del dinero elevado durante más tiempo.

Mercados bursátiles bajo presión

La combinación de petróleo caro, inflación persistente y tasas elevadas presionó a los mercados accionarios. El S&P 500 descendía 0.41%, hasta 7,398.56 puntos, mientras que el Nasdaq 100 retrocedía 0.36%, a 27,662.83 unidades. El efecto sobre las bolsas no ocurre únicamente por el temor a una menor actividad económica. Cuando aumentan las tasas de interés o los rendimientos de los bonos, también se eleva la tasa utilizada para descontar las ganancias futuras de las empresas. Esto reduce el valor presente de esos beneficios y presiona especialmente a las compañías tecnológicas, cuyas valuaciones dependen en mayor medida del crecimiento esperado durante los próximos años.

La relación reciente entre el WTI y el bono del Tesoro a 10 años muestra cómo los repuntes del petróleo han coincidido con mayores rendimientos de largo plazo. La presión llega cuando el Nasdaq 100 ya entró en una corrección técnica, después de cerrar un 10.7% por debajo del máximo alcanzado el 2 de junio. Además del shock energético, el índice enfrenta dudas sobre la rentabilidad del gasto en inteligencia artificial y la caída de los fabricantes asiáticos de chips de memoria. Un análisis de XTB sobre 77 correcciones anteriores del Nasdaq 100 encontró que el rendimiento mediano seis meses después de cruzar el umbral de una caída del 10% fue positivo en 11.4%. Sin embargo, el índice sufrió posteriormente una pérdida adicional mediana del 6.5%. En el 22% de los episodios, el Nasdaq perdió más del 20% adicional antes de encontrar un piso, por lo que la entrada en corrección no necesariamente significa que el ajuste haya terminado.

La diferencia esta vez es que la presión proviene de dos frentes simultáneos. Por un lado, los inversionistas cuestionan si las inversiones multimillonarias en inteligencia artificial generarán los beneficios esperados. Por otro, el petróleo amenaza con sostener la inflación y mantener elevadas las tasas utilizadas para valorar esos beneficios.