La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha sido el centro de una controversia pública tras negar un cambio de sede para presentar el Examen de Control Presencial a Mateo, un aspirante a licenciatura con condición de autismo. El joven, quien logró obtener 107 aciertos en la prueba en línea inicial, fue asignado por la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) a presentar la evaluación presencial en Tijuana, Baja California. Esta decisión obligó a Mateo a regresar a su estado natal, Sonora, ya que su familia carecía de los recursos económicos necesarios para cubrir los gastos de viaje y alojamiento en la costa noroeste del país.
El éxito académico y la mudanza al Estado de México
Mateo finalizó sus estudios de preparatoria en un Colegio de Bachilleres con un promedio perfecto, logro que distinguió a toda su generación. Desde el tercer semestre, determinó su vocación por las matemáticas e inició una preparación rigurosa para ingresar a la UNAM, contando con el apoyo institucional de sus profesores y familiar. Durante la aplicación del examen en línea, optimizó su entorno eliminando distracciones auditivas y desplazando a su mascota, estrategia que le permitió asegurar su lugar en la carrera de Matemáticas y Computación.
Tras recibir la aceptación, la familia emprendió una mudanza desde Ciudad Obregón hacia el Estado de México. Mateo viajó acompañado por su madre, mientras su padre permaneció en Sonora para mantenerse empleado y sostener los gastos familiares restantes. Con fondos provenientes de una beca para discapacidad, lograron rentar una habitación pequeña en el Estado de México, ubicándose cerca del campus universitario y materializando, aparentemente, el proyecto educativo esperado.
La barrera geográfica y la negativa administrativa
La situación cambió drásticamente cuando la UNAM anunció la obligatoriedad del Examen de Control Presencial. La DGAE estableció las sedes de acuerdo con el estado de procedencia del bachillerato, resultando en la asignación de Tijuana para Mateo. En ese momento, él residía legal y físicamente en el Estado de México, lo que creaba una contradicción logística severa. Su madre expresó confianza en la capacidad de su hijo para aprobar nuevamente, pero la distancia implicaba costos prohibitivos.
Ante esta circunstancia, la familia acudió a las instalaciones universitarias para solicitar una modificación. Entregaron una solicitud formal junto con una carta manuscrita redactada por Mateo, donde aclaraba: "Lo único que solicito es cambio de sede, no estoy pidiendo nada extraordinario, no me estoy negando a hacer el examen". La petición buscaba realizar la prueba en la Ciudad de México, sin requerir exención alguna ni la conservación automática de los 107 aciertos previos. Asimismo, presentaron documentación médica oficial que acreditaba el diagnóstico de autismo de Mateo durante el proceso de gestión.
Consecuencias económicas y retorno forzado
A pesar de la entrega de evidencia médica y la justificación logística, la resolución llegó el viernes indicando que la solicitud de cambio de sede no procedía. Personal universitario informó en el autobús de regreso que la decisión era definitiva. El impacto financiero fue inmediato y devastador para el hogar. Según estimaciones de la madre, la familia partió con aproximadamente 25 mil pesos y regresó a Sonora con cerca de 6 mil pesos. Los recursos restantes fueron consumidos por los pasajes de transporte, el alquiler temporal y los gastos operativos de la instalación previa.
El costo estimado de un vuelo de último minuto hacia Tijuana rondaba los 10 mil pesos, cifra inalcanzable con el saldo restante. Ante la imposibilidad de viajar al norte y volver posteriormente, la familia adquirió boletos de autobús para un trayecto de regreso a Sonora que dura aproximadamente 24 horas. Mateo, decepcionado por haber trabajado años para llegar a la universidad sin siquiera iniciar clases, rechazó ofertas de donaciones económicas publicadas en redes sociales, afirmando que "lo que logremos va a ser por nuestro esfuerzo".
Antes de abordar el vehículo que lo alejaba de la capital, Mateo formuló una reflexión sobre la institución: "No soy yo quien no merece a la escuela; la escuela es la que no me merece a mí". El autobús partió el sábado a las 8 de la mañana, dejando atrás el cuarto rentado y los planes académicos inmediatos. Actualmente, la identidad de Mateo y su familia permanece bajo reserva a petición propia. La UNAM ha indicado a Excélsior que puede contactar a la subdirectora editorial Fabiola Guarneros para aportar información o establecer diálogo, mientras la familia busca alternativas para estudiar matemáticas en otra institución dentro de Sonora.



