Doce días después del descarrilamiento de un tren en la región fronteriza de Naco, Sonora, que provocó el derrame de hidrosulfuro de sodio, persiste una grave omisión informativa por parte del consorcio transportista responsable y las autoridades ambientales. Antonio Romo Paz, investigador de la Facultad de Química de la Universidad de Sonora (Unison), ha señalado que tanto la empresa como los organismos gubernamentales no han hecho públicos los resultados correspondientes a los análisis de impacto en agua, flora, fauna y personas expuestas.
Omisión de protocolos internacionales y de protección civil
Romo Paz, quien cuenta con más de tres décadas de experiencia en la manipulación de sustancias químicas similares, afirmó que es evidente que Ferromex incumplió los protocolos de atención a emergencias establecidos. Según detalló, en cuanto se conoció la naturaleza de la sustancia derramada, la empresa debía haber notificado inmediatamente a Protección Civil y delimitado un área de riesgo para impedir el acceso de la ciudadanía a la zona afectada.
El especialista subrayó que las acciones post-derrame están regidas por protocolos avalados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los cuales México ha suscrito. Estos lineamientos exigen una contención inmediata, la coordinación con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) y Protección Civil. La falta de aplicación de estas medidas genera responsabilidades directas que deben ser investigadas y sancionadas.
Afectaciones a la salud y fatiga olfativa
El incumplimiento de la contención perimetral tuvo consecuencias sanitarias inmediatas. Se registraron al menos seis personas con afectaciones a la salud tras la exposición al químico. Entre ellas destaca el caso de Luis Arturo Ozuna Vázquez, de 53 años, quien se encuentra en estado crítico y agonizando en un hospital público. A pesar de ser reconocido y atendido por la Secretaría de Salud, la familia de la víctima reporta que ha sido ignorada por Ferromex, habiendo suplicado en múltiples ocasiones una atención digna y especializada.
Romo Paz explicó que el diagnóstico inicial suele basarse en signos y síntomas evidentes. Sin embargo, advirtió sobre el fenómeno de la "fatiga olfativa", un proceso mediante el cual las personas expuestas dejan de percibir el característico olor a huevo podrido del hidrosulfuro de sodio aproximadamente a las tres horas de la exposición. Esta pérdida de percepción sensorial no implica seguridad, sino que aumenta el riesgo de daño grave a la salud respiratoria y sistémica, ya que la persona puede permanecer en la zona contaminada sin ser consciente del peligro continuo.
Retraso en la divulgación de resultados analíticos
Uno de los puntos críticos señalados por el académico es el tiempo transcurrido sin difusión de datos técnicos. Romo Paz especificó que los análisis de laboratorio necesarios para determinar el impacto ambiental y sanitario no requieren más de 24 a 48 horas para obtenerse. Por lo tanto, doce días constituyen un periodo excesivo para mantener oculta esta información a la población.
La comunidad del Ejido Cuauhtémoc, ubicada en la vecindad directa del accidente, ha testificado la presencia del olor tóxico inmediatamente posterior al derrame. Ante la ausencia de operativos claros de advertencia y delimitación por parte de las autoridades competentes, los habitantes permanecen en incertidumbre respecto a la calidad de sus recursos hídricos y su salud a largo plazo. El investigador enfatizó que la transparencia en los resultados es fundamental para mitigar riesgos continuos en la región fronteriza.



