El flujo migratorio hacia el norte de México vuelve a repuntar de manera sorpresiva e impredecible. La Casa del Migrante de Coatzacoalcos, en Veracruz, registra un aumento en la llegada de personas, principalmente de Honduras, y ha lanzado un llamado urgente a la comunidad para donar alimentos, ropa e insumos básicos.
En la casa-albergue, el ir y venir de voluntarios y religiosos es constante. Preparan alimentos, reciben a los viajeros y les dan de comer, procuran su descanso y de paso escuchan sus historias, en ocasiones no muy gratas. Algunos son asaltados en el camino, otros llegan cansados de una travesía que incluye largas caminatas.
Repunte tras un respiro momentáneo
El sacerdote Joel Ireta, encargado del albergue e integrante de la comunidad diocesana, explicó que el endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump, con las redadas del ICE y el reforzamiento de la vigilancia en la frontera con México, provocó una disminución temporal en el flujo. Esa baja, sin embargo, fue breve. "Hace unos días llegaron 20. Poco a poco se va incrementando", advirtió el religioso.
El perfil de quienes llegan es variado: en su mayoría son hondureños, muchos viajan por primera vez y otros ya fueron deportados, pero la desesperación los impulsa a intentarlo de nuevo. El sacerdote precisó que predominan los varones jóvenes, mientras que las familias han reducido su presencia, posiblemente por temor a la violencia en la ruta o a las autoridades migratorias estadounidenses.
Una travesía marcada por el calor y el peligro
El camino hacia el norte está lleno de riesgos. En la casa-albergue, voluntarios y religiosos preparan alimentos, reciben a los viajeros y procuran su descanso. También escuchan historias que en ocasiones son desgarradoras. Algunos migrantes fueron asaltados durante el trayecto; otros llegan agotados tras largas caminatas bajo un sol inclemente.
El intenso calor, que puede superar los 30 grados centígrados con sensaciones térmicas elevadas, termina siendo insoportable. Muchos llegan deshidratados, enfermos y hambrientos. La Casa del Migrante se ha convertido en un refugio esencial para quienes necesitan recuperar fuerzas antes de continuar su camino.
Llamado a la solidaridad y ampliación del equipo
Ante el incremento de llegadas, la Casa del Migrante abrió una convocatoria para conseguir insumos, alimentos, ropa y artículos básicos. Además, inició un taller de capacitación para voluntarios, cuyo número asciende actualmente a cerca de 50 personas. El padre Ireta señaló que el aumento en el flujo migratorio y la llegada de personas en situación de trauma obligaron a ampliar el equipo y profesionalizar la atención.
"Todo el año organizamos talleres… hoy dirigidos a los nuevos integrantes. Cómo acogerlos, cómo servirles y cómo evangelizar a la población migrante", explicó el religioso sobre la formación que reciben quienes se suman a esta labor.
Un nuevo centro de escucha para víctimas de violencia
La Diócesis de Coatzacoalcos no solo se ha enfocado en reforzar el número de personas que atienden la casa migrante, sino que también se prepara para lanzar un nuevo proyecto: un centro de escucha especializado para víctimas de violencia, abusos y agresiones durante su tránsito por la región. Esta iniciativa busca atender la salud emocional de los migrantes, además de cubrir sus necesidades físicas.
Muchos migrantes avanzan con la meta de llegar a Monterrey o la Ciudad de México, donde podrían quedarse si no logran continuar hacia Estados Unidos. La Casa del Migrante de Coatzacoalcos se mantiene como un punto de apoyo clave en esta ruta. Las donaciones y el trabajo de los voluntarios resultan indispensables para sostener la atención, y la convocatoria sigue abierta para todas las personas que deseen sumarse.



