El narcotráfico en México ha evolucionado de grupos regionales a una élite global
De acuerdo con el analista en seguridad David Saucedo, los cárteles de la droga en México han pasado de ser organizaciones regionales a élites mundiales, superando la capacidad de control del Estado. Esta evolución ha permitido su penetración en las más altas esferas del poder político mexicano durante más de cuatro décadas.
El cártel de Sinaloa es la organización que más tiempo ha permanecido enquistada en esas estructuras, con alrededor de un cuarto de siglo de presunta infiltración. Según Saucedo, los distintos gobiernos de México fueron estableciendo esquemas de contacto y sinergia con los grupos del narcotráfico.
Tres escenarios actuales del narcotráfico en México
El analista David Saucedo afirmó que el narcotráfico en México atraviesa por tres escenarios: un recambio generacional; el riesgo de morir en una silla eléctrica en Estados Unidos o de caer abatido a balazos en el país; y la consolidación de los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y Nueva Familia Michoacana como las principales fuerzas criminales a nivel mundial.
Vinculación con élites políticas desde el sexenio de Miguel de la Madrid
La vinculación entre los grupos del narcotráfico y las élites políticas comenzó durante el sexenio del presidente Miguel de la Madrid (1982-1988). Como punto de inflexión, Saucedo mencionó el secuestro y asesinato en 1985 del agente de la DEA Enrique Camarena y del piloto mexicano Alfredo Salazar.
Los responsables fueron los líderes del cártel de Guadalajara: Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero. Las investigaciones estadounidenses concluyeron que el cártel mantenía vínculos con funcionarios de alto nivel del gobierno federal y del gobierno de Jalisco.
“En México, desde el sexenio de Miguel de la Madrid ha habido vinculación orgánica de los grupos del narcotráfico con las élites políticas nacionales. El viejo cártel de Guadalajara estaba vinculado orgánicamente con el sexenio de de la Madrid, vía el general Juan Arévalo Gardoqui, secretario de la Defensa Nacional”, dijo Saucedo.
Pérdida de control del Estado en los años noventa
Durante las décadas de los setenta y ochenta, el Estado mexicano mantuvo una clara superioridad frente a las organizaciones del narcotráfico. Sin embargo, en los noventa, los cárteles mexicanos incrementaron su capital de manera exponencial al relacionarse con los cárteles colombianos y comercializar cocaína en Estados Unidos.
“Pasaron de operar únicamente en regiones del país, a ser élites que operan a nivel nacional e internacional. Es entonces que el Estado mexicano perdió el control, el dominio; ya no podían acotar a estos cárteles y empezaron a tener esta fuerza inusitada. Después los cárteles mexicanos incursionaron en las drogas de diseño, como las metanfetaminas, el fentanilo, y ya su poder económico es estratosférico”, explicó Saucedo.
Cambio en la relación Estado-cárteles
El especialista señaló que los gobiernos federales de distintos partidos (PRI, PAN y Morena) modificaron gradualmente su modus vivendi con los cárteles. Durante las administraciones de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, los cárteles dejaron de ser únicamente un fenómeno que debía combatirse y pasaron a ser un poder con el que el Estado también tenía que negociar.
El auge del Cártel de Sinaloa
Previo a que el Cártel de Sinaloa se convirtiera en el grupo criminal más poderoso, otros grupos como el cártel del Golfo (en el sexenio de Salinas) y el de Juárez (en el de Zedillo) dominaban. Durante el sexenio de Zedillo, el Cártel de Sinaloa registró una expansión. Saucedo indicó que no existen testimonios ni investigaciones que acrediten una relación directa entre el cártel y el gobierno de Zedillo.
Tras la captura de Juan García Abrego y su deportación a Estados Unidos, el Cártel de Sinaloa comenzó un proceso de crecimiento. Joaquín El Chapo Guzmán fortaleció su presencia y capacidad operativa, incluso desde prisión. También los hermanos Beltrán Leyva e Ismael El Mayo Zambada incrementaron su influencia. No obstante, el grupo que obtuvo mayores beneficios durante ese periodo fue el cártel de Juárez, encabezado por Amado Carrillo Fuentes.
El caso Nahum Acosta: primera señal pública de colusión
El primer caso conocido de sinergia entre la estructura política y el cártel de Sinaloa ocurrió en febrero de 2005, durante el gobierno de Vicente Fox. Nahum Acosta Lugo, funcionario de la Coordinación de Giras de la Presidencia, fue detenido por presuntamente proporcionar información al narcotraficante Arturo Beltrán Leyva. La DEA había informado a la PGR desde 2004 que Acosta recibió una llamada de Héctor Beltrán Leyva y visitó una casa vinculada a la esposa del narcotraficante. Acosta se defendió diciendo que buscaba rentar una casa. Tras meses en prisión, recuperó su libertad y desapareció de la vida pública.
Señalamientos contra Genaro García Luna
Durante el gobierno de Felipe Calderón, los señalamientos se dirigieron contra el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, a quien se vinculó con el cártel de Sinaloa mediante mantas y acusaciones públicas. Durante años, esas denuncias fueron desestimadas, pero un juez en Nueva York lo condenó en 2024 a 38 años de prisión por delitos relacionados con el narcotráfico.
El Culiacanazo y la detención de García Luna
En octubre de 2019, ocurrió el llamado Culiacanazo: la captura y posterior liberación de Ovidio Guzmán López, hijo de El Chapo, tras una intensa confrontación armada. La decisión de liberarlo fue asumida públicamente por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Menos de dos meses después, García Luna fue arrestado en Dallas, Texas.
Los nombres, partidos y cargos cambian, pero durante 25 años las acusaciones sobre presuntos vínculos entre el poder político mexicano y el cártel de Sinaloa han aparecido de manera recurrente, siempre con investigaciones de agencias estadounidenses como la CIA, la DEA y el Departamento de Justicia como punto de partida.



