Salir de la alberca o del mar con la sensación de que quedó agua atrapada en el oído suele parecer una molestia pasajera. A veces basta con inclinar la cabeza para que desaparezca, pero cuando la humedad permanece y la piel del conducto auditivo tiene pequeñas lesiones, puede desarrollarse una infección conocida como otitis externa u oído de nadador.
Aunque es más frecuente durante las vacaciones y los meses de calor, el problema no aparece únicamente porque entre agua al oído. La limpieza excesiva, el uso de hisopos, la arena, el estado del cerumen y la calidad del agua también pueden aumentar el riesgo.
¿Qué es el oído de nadador?
El oído de nadador es una infección o inflamación del conducto auditivo externo, el canal que se extiende desde la entrada de la oreja hasta la membrana timpánica. Esta condición afecta principalmente a personas que nadan con frecuencia, pero también puede presentarse en quienes introducen objetos en el oído o tienen enfermedades de la piel como dermatitis o eccema.
Francisco Javier Saynes Marín, otorrinolaringólogo y cirujano de cabeza y cuello, explica que esta zona permanece en contacto directo con el agua cuando una persona nada. Si la humedad queda atrapada durante varias horas, se crea un ambiente que facilita la multiplicación de ciertos microorganismos. La infección suele ser causada por bacterias Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus, aunque también puede originarse por hongos.
¿Qué ocurre dentro del oído cuando queda agua?
La piel del conducto auditivo cuenta con defensas naturales. Una de ellas es el cerumen, que humecta la piel, atrapa polvo y microorganismos y mantiene un ambiente ligeramente ácido. Esa acidez dificulta que algunos gérmenes se reproduzcan. Sin embargo, cuando el oído permanece húmedo demasiado tiempo, la piel se reblandece y su barrera protectora puede debilitarse.
El riesgo aumenta si la persona intenta secarse con cotonetes, dedos, llaves, pasadores u otros objetos. Estas maniobras pueden retirar el cerumen y provocar grietas diminutas por las que entran bacterias u hongos. Por ello, el agua no suele ser la única causa. La infección aparece con mayor facilidad cuando se combinan humedad, pérdida de cerumen y lesiones en la piel.
¿Qué causa el oído de nadador?
La causa más común es la proliferación de microorganismos dentro de un conducto auditivo húmedo o lastimado. Nadar con frecuencia, rascarse el oído o introducir objetos puede alterar sus defensas. También pueden influir enfermedades de la piel, como dermatitis o eccema, así como el uso constante de audífonos, tapones o auxiliares auditivos, que retienen humedad o irritan la entrada del oído.
La limpieza excesiva es otro factor. Aunque algunas personas intentan mantener el oído “completamente limpio”, retirar todo el cerumen elimina una protección natural. Además, la calidad del agua en albercas o playas puede influir: el cloro y otros químicos pueden irritar la piel, mientras que las bacterias en aguas no tratadas aumentan el riesgo de infección.
¿Cuáles son los síntomas del oído de nadador?
La otitis externa bacteriana suele comenzar rápidamente. El síntoma más característico es un dolor intenso que empeora al tocar, jalar o presionar la oreja. Algunas personas no pueden acostarse sobre el lado afectado. También puede aparecer sensación de oído tapado, inflamación del conducto y disminución temporal de la audición.
- Secreción blanca, amarilla o verdosa.
- Dolor al masticar o mover la mandíbula.
- Comezón intensa.
- Fiebre.
- Dolor de cabeza.
- Enrojecimiento de la oreja.
Saynes señala que, en los cuadros agudos, el dolor puede ser tan fuerte que la persona no permite que le toquen la oreja. En algunos casos tampoco mejora de forma suficiente con analgésicos de uso común. Si el dolor es severo o hay fiebre, se debe acudir al médico de inmediato.
¿Cómo se trata el oído de nadador?
El tratamiento depende de la causa y del estado del conducto auditivo. En las infecciones bacterianas suelen utilizarse gotas con antibiótico, mientras que las infecciones por hongos requieren medicamentos antimicóticos. Algunas gotas también contienen sustancias que reducen la inflamación. Antes de indicarlas, el médico debe comprobar que la membrana timpánica se encuentra íntegra, ya que ciertos productos pueden ser riesgosos si existe una perforación.
Cuando hay demasiada secreción o residuos, el especialista puede limpiar el oído con instrumentos y técnicas adecuadas. Esta limpieza permite que el medicamento entre en contacto con la piel afectada. Durante el tratamiento suele recomendarse mantener el oído seco: usar un gorro de baño o tapones especiales al ducharse, y evitar nadar hasta que la infección desaparezca. También es importante completar los días indicados, aunque el dolor desaparezca antes, para prevenir recurrencias.
En casos leves, algunas personas intentan aliviar el dolor con compresas tibias o analgésicos de venta libre, pero estos no tratan la infección subyacente. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son clave para evitar complicaciones como la propagación de la infección a otras zonas del oído o incluso al cráneo.



