El caso del creador de contenido Brandon Hernández, conocido como "El May", ha reavivado el debate sobre los límites entre solicitar ayuda económica legítima y convertir una tragedia personal en contenido para generar ingresos y alcance en plataformas digitales. La historia de su esposa hospitalizada tras una cesárea, con millones de reproducciones y una cuenta para donaciones, ha polarizado a la audiencia entre quienes solidarizan y quienes acusan de lucro.
El caso de Brandon Hernández y las acusaciones de lucro
Brandon Hernández, @soy_elmay en redes sociales, comenzó a documentar la hospitalización de su esposa luego de una cesárea en un hospital privado de la Ciudad de México. En sus publicaciones denunció presuntas irregularidades médicas y pidió oraciones y apoyo económico, lo que generó una amplia respuesta en Facebook e Instagram. Sin embargo, conforme aumentó la exposición, también crecieron los cuestionamientos: diversos usuarios lo acusaron de lucrar con la enfermedad de su esposa y señalaron que habría rechazado ofrecimientos de ayuda legal y traslado médico.
Hasta el momento no existe un dictamen público que confirme una presunta negligencia médica, ni una resolución oficial que la descarte. La ausencia de información verificable mantiene dividido al público. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante 2024 más de 100 millones de personas usaron internet en México y nueve de cada diez accedieron a redes sociales, un ecosistema donde las historias personales se viralizan en horas.
¿Qué es el sadfishing y por qué preocupa?
Especialistas en comunicación digital identifican estas situaciones con el término sadfishing: exagerar o dramatizar problemas personales para atraer atención, interacción o apoyo. El concepto no implica que toda solicitud de ayuda sea indebida; la diferencia radica en la transparencia de los hechos y la claridad sobre el destino de los recursos. "El sadfishing no es necesariamente malicioso, pero cuando se repite o se descubre que los hechos no coinciden con la narrativa, se erosiona la confianza del público", explicó la analista de redes sociales Ana Lucía Martínez, citada en estudios de comportamiento digital.
El debate no gira solo en torno a un caso particular, sino sobre cómo distinguir una petición legítima de una estrategia que usa la tragedia para incrementar alcance, reproducciones o ingresos. En México, la condusef reporta que el 45% de los usuarios de internet han encontrado campañas de donación dudosas, lo que aumenta la necesidad de verificación.
Donaciones sin transparencia: el papel de plataformas como GoFundMe
El crecimiento de estas campañas está ligado al financiamiento colectivo. GoFundMe, una de las principales plataformas, informa que ha canalizado más de 30 mil millones de dólares en donaciones desde 2010. Aunque cuenta con un programa de garantía y reembolso para ciertos fraudes, no exige que los organizadores comprueben públicamente el destino final de los recursos. Esta situación genera cuestionamientos sobre la necesidad de mayores mecanismos de transparencia, especialmente cuando las campañas alcanzan gran difusión.
En México, según estimaciones de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), alrededor de 13.5 millones de personas han sido víctimas de algún fraude digital en los últimos años. "Las donaciones en línea son particularmente vulnerables porque apelan a la emoción", señaló un portavoz de Condusef en un comunicado reciente, "por eso es crucial verificar antes de donar".
Recomendaciones para donar con seguridad
Los especialistas recomiendan que la empatía vaya acompañada de verificación, sobre todo cuando las solicitudes se difunden mediante videos emotivos, mensajes que cambian con el tiempo o cuentas bancarias sin información adicional. Solicitar datos claros del caso, verificar documentos oficiales y revisar la transparencia en el manejo de los recursos puede proteger tanto a donantes como a quienes realmente enfrentan emergencias.
El caso de "El May" reabrió una discusión que trasciende a un solo creador: en la era de las redes sociales, el reto es encontrar el equilibrio entre solidaridad y verificación para evitar que la empatía se convierta en un negocio. Con más de 100 millones de mexicanos en línea, la línea entre la ayuda genuina y el sadfishing es cada vez más delgada.



