El fútbol como detonante de xenofobia y racismo: una reflexión necesaria
Fútbol, xenofobia y racismo: una reflexión necesaria

El Mundial de fútbol que se desarrolla estas semanas ha sido escenario de algo que debería ser una simple anécdota, pero que se ha convertido en el lugar común de los análisis. No se trata de hablar de la FIFA ni de sus decisiones cuestionables, sino de todo lo que se ha suscitado tomando como pretexto un partido de fútbol. Es frecuente calificar de “simple” un encuentro futbolístico, pero ha quedado evidenciado que, mientras el balón rueda en la cancha, se fraguan situaciones que nos envuelven en discusiones y preocupaciones. No se trata de las habilidades futbolísticas ni de las decisiones arbitrales, que a pesar del uso de la tecnología son ejemplo de cómo la suspicacia puede poner en entredicho la decencia y la ética. Esto se convierte en un caldo de cultivo que enciende lo más irracional y peligroso de los seres humanos.

Expresiones nefandas y lugares comunes

En cuestión de días, las expresiones más nefandas se convirtieron en lugares comunes y referencias obligadas en análisis que trascienden las pantallas donde se disfruta o sufre un encuentro futbolístico. Es imposible no recordar el libro La guerra del fútbol de Ryszard Kapuściński, que narra el contexto social y político de los partidos clasificatorios entre Honduras y El Salvador, que derivaron en la llamada “Guerra de las cien horas” en julio de 1969. Kapuściński describe cómo el primer partido, jugado el 8 de junio de 1969 en Tegucigalpa, fue precedido por una guerra psicológica: los jugadores salvadoreños pasaron la noche en vela debido al ruido de petardos, cláxones y gritos de los hinchas hondureños. “En Latinoamérica, semejantes prácticas están a la orden del día”, escribió. Una sonrisa puede dibujarse al leer esto, pero algo inquieta cuando se comprende que lo de menos es lo que ocurre en la cancha.

Racismo y xenofobia en el fútbol actual

No faltará quien minimice las expresiones de xenofobia y racismo que han proliferado durante estas semanas, argumentando que son “asuntos” del fútbol. Como señala Ligia Urroz en su columna Una novela que expone el racismo (Milenio, 10 de julio de 2026), minimizar esta situación o envolverse en una retórica nacionalista chabacana es igualmente nocivo. Estas expresiones son ejemplos de algo pernicioso que no ha dejado de latir en los corazones de nuestras sociedades. No podemos permitir que sean “normales” bajo ninguna circunstancia o pretexto. El ámbito escolar comienza a plantear, profundizar y discutir este tema críticamente.

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El fútbol como preludio de conflictos

Kapuściński escribió: “El nacionalismo exacerbado por el fútbol. Lo que ocurría cada vez que se enfrentaban dos países vecinos solía ser el preludio de la guerra. En América Latina, el fútbol no es sólo un deporte... Un partido era capaz de encender la mecha de pasiones incontrolables que los políticos aprovechaban para desviar la atención de los verdaderos problemas”. Esta observación es pertinente en una época donde los medios de comunicación amplifican las voces más nocivas para la civilización. La violencia camina en nuestra misma acera, y esto va más allá de una simple anécdota.

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