T-MEC: 149,000 exportadores de EU dependen de México y Canadá
T-MEC: 149,000 exportadores de EU dependen de México y Canadá

Cuando se habla del T-MEC, la imagen recurrente es la de grandes plantas automotrices o fábricas de semiconductores. Sin embargo, el tratado también sostiene a miles de pequeños negocios que raramente aparecen en los titulares. Talleres familiares en Ohio, productores de avena en Dakota del Norte, fabricantes de dispositivos médicos en Minnesota y empresas de maquinaria agrícola en Iowa son solo algunos ejemplos de los 149,033 exportadores estadounidenses que venden a México o Canadá. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, una de cada dos compañías exportadoras del país depende de sus vecinos norteamericanos.

La mayoría son pequeñas y medianas empresas

De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, el 94% de esos exportadores son pequeñas y medianas empresas (pymes). En conjunto, estas empresas generan ventas por 182,000 millones de dólares anuales a ambos mercados. Si se considera el total de exportaciones estadounidenses, la cifra asciende a 579,000 millones de dólares. La Cámara de Comercio destaca que el T-MEC no solo regula el comercio entre tres países, sino que sostiene una relación económica de 1.3 billones de dólares al año y respalda 13 millones de empleos en Estados Unidos.

El impacto en la competitividad estadounidense

México y Canadá compran más de un tercio de todas las exportaciones estadounidenses. De hecho, las empresas de Estados Unidos venden más a sus dos vecinos que a sus siguientes 12 mercados de exportación más grandes combinados. En el sector agrícola, ambos países adquieren alrededor de un tercio de las exportaciones agrícolas estadounidenses, lo que ayuda a mantener cadenas de suministro estables y precios accesibles para los consumidores, según la Cámara. La organización advierte que debilitar esa integración tendría un costo elevado. Intentar sustituir las cadenas de suministro norteamericanas por producción completamente doméstica elevaría los costos para los fabricantes estadounidenses, reduciría su competitividad frente a Asia y encarecería los productos para las familias. Incluso medidas como los aranceles bajo la Sección 232 al acero y aluminio terminan afectando a la propia industria estadounidense al encarecer los insumos que utiliza para producir.

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Las prioridades de la Cámara de Comercio

La Cámara de Comercio no se opone a una revisión del tratado. Reconoce que tanto México como Canadá tienen pendientes de implementación y que el cumplimiento debe reforzarse. Sin embargo, insiste en que cualquier cambio debe construirse sobre lo que ya funciona. Por ello propone tres prioridades: preservar el carácter trilateral del acuerdo, garantizar el pleno cumplimiento de los compromisos, y concluir la revisión de forma transparente y ordenada para devolver certidumbre a los inversionistas. Además, pide conservar disciplinas esenciales para la competitividad regional, como el comercio digital, la libre circulación de datos, las reglas sanitarias, la facilitación aduanera, las reglas de origen y el Comité de Competitividad de América del Norte.

La revisión del T-MEC está programada para 2026 y ya ha generado intensas negociaciones entre los tres países. Las reglas de origen en el sector automotriz, los mecanismos de solución de controversias y las disposiciones laborales son algunos de los puntos más discutidos. La Cámara de Comercio ha intensificado su cabildeo ante la Oficina del Representante Comercial (USTR) para evitar cambios que reduzcan la certidumbre que el acuerdo ha proporcionado durante más de tres décadas.

El verdadero valor de la integración

Para la Cámara, el valor del T-MEC radica en haber construido una economía que funciona como una sola. Un automóvil cruza varias veces la frontera antes de terminarse; los dispositivos médicos incorporan componentes de distintos países; la energía fluye por redes compartidas. En la agricultura, cereales, carne, frutas y verduras cruzan diariamente las fronteras para abastecer supermercados de los tres países. Esa integración ha permitido que miles de pymes estadounidenses accedan a mercados que de otra forma serían inalcanzables. La Cámara subraya que intentar deshacer esa integración no solo sería costoso, sino que pondría en riesgo la competitividad de toda la región frente a otras potencias económicas.

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En resumen, para los 149,033 exportadores estadounidenses, la revisión del T-MEC no es un debate político distante. Es una discusión sobre si podrán seguir invirtiendo, contratando personal y abriendo nuevas líneas de producción. La certidumbre que brinde el tratado definirá el futuro de esas empresas y de los millones de empleos que dependen de ellas. La Cámara de Comercio continúa presionando para que el proceso fortalezca, y no debilite, el acuerdo que ha sido el pilar del comercio norteamericano.