El 64% de los estadounidenses desaprueba la gestión del presidente Donald Trump, según el Pew Research Center, el nivel más bajo de su mandato. Sin embargo, esa desaprobación no se ha traducido en una ventaja decisiva para los demócratas de cara a las elecciones intermedias de noviembre, donde se renovará toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. El promedio de encuestas de Real Clear Politics otorga al Partido Demócrata un 48.1% de intención de voto, una ventaja de 6.9 puntos sobre los republicanos, insuficiente para anticipar una “ola azul” que les permita controlar ampliamente el Congreso.
Desaprobación récord, pero sin traducción electoral
La impopularidad de Trump es evidente en el tema que más preocupa a los votantes: la economía. Un 60% de los encuestados considera que sus políticas económicas han empeorado las condiciones del país, un aumento frente al 52% que opinaba lo mismo en enero de 2026. En migración, salud y política exterior, el mandatario también recibe evaluaciones negativas. Su decisión de iniciar la guerra contra Irán a finales de febrero registró la aprobación más baja de cualquier conflicto bélico en la historia de Estados Unidos, y sigue siendo una de las guerras más impopulares.
A pesar de ello, Trump conserva el apoyo del 69% de los republicanos, aunque su aprobación ha caído entre independientes y latinos, dos grupos clave que fueron cruciales para su elección hace dos años. No obstante, los demócratas enfrentan dificultades para capitalizar este descontento. Según el Pew Center, el 12% de los votantes registrados que desaprueban a Trump, pero no fuertemente, está dividido: 31% apoya a republicanos, 31% a demócratas, 28% no está seguro y 10% respalda a otro candidato.
La economía, un flanco débil para ambos partidos
En política económica, el tema central de la campaña, los demócratas no logran una ventaja clara. La encuesta de Pew muestra que 37% de los encuestados coincide con las propuestas del Partido Demócrata, frente a un 36% que prefiere las de los republicanos. Esta paridad refleja la falta de confianza en la oposición para manejar la economía, a pesar del mal desempeño de Trump en ese rubro.
Bruce Wolpe, miembro senior no residente del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de Sídney, escribió en The Conversation: “Para controlar la Cámara, los demócratas necesitan una ganancia neta de tres escaños, y en el Senado, cuatro escaños. Según mis cálculos de las seis elecciones intermedias de este siglo, el partido del presidente ha perdido un promedio de 27 escaños en la Cámara y tres escaños en el Senado”. Estas cifras sugieren que los demócratas tienen una oportunidad histórica, pero su incapacidad para conectar con los votantes moderados podría frustrar sus aspiraciones.
Carreras clave: el Senado en la balanza
Los republicanos confían en mantener el Senado, ya que la mayoría de los escaños en juego corresponden a estados que votaron por Trump en 2024. Los demócratas tienen un camino estrecho, dependiendo de victorias en Texas, Ohio, Alaska, Maine y Carolina del Norte. Los republicanos pueden permitirse perder cuatro escaños y aún conservar el control con el voto decisivo del vicepresidente JD Vance.
En Ohio y Carolina del Norte, los candidatos demócratas, el exsenador Sherrod Brown y el exgobernador Roy Cooper, son políticos populares y lideran en las encuestas. En Alaska, la demócrata Mary Peltola, exmiembro de la Cámara de Representantes, enfrenta al titular republicano Dan Sullivan, quien se ve vulnerable. La senadora republicana Susan Collins también parece en peligro en Maine, aunque su oponente demócrata, Graham Platner, ha enfrentado controversias recientes.
Texas, el campo de batalla decisivo
La carrera que podría definir el control del Senado es en Texas, un estado que no ha elegido a un demócrata para el Senado en 38 años. Trump impulsó con éxito la candidatura del controvertido exfiscal general Ken Paxton, quien superó al veterano titular John Cornyn en las primarias. Paxton, acusado de fraude de valores y destituido por la legislatura de Texas, se enfrentará a James Talarico, un demócrata cristiano progresista que lidera en algunas encuestas. Si Talarico gana, sería un terremoto político con implicaciones nacionales.
En Michigan, los demócratas también deben estar atentos. El republicano Mike Rogers, exmiembro de la Cámara de Representantes, busca el escaño tras perder por menos de 20,000 votos en 2024. El candidato demócrata se definirá en las primarias de agosto, lo que añade incertidumbre a una contienda que podría ser reñida.
Implicaciones para el futuro político de EU
El resultado de las intermedias no solo determinará el control del Congreso, sino también la capacidad de los demócratas para frenar las políticas de Trump en su segundo mandato. Una victoria demócrata en la Cámara y el Senado podría bloquear su agenda legislativa, mientras que un triunfo republicano consolidaría su poder. Sin embargo, la falta de entusiasmo hacia los demócratas y la persistente polarización sugieren que la elección se definirá por márgenes estrechos en unos pocos distritos clave.
Los votantes independientes, que fueron decisivos en 2024, parecen indecisos. La encuesta de Pew revela que solo un tercio de ellos aprueba la gestión de Trump, pero su apoyo a los demócratas no es automático. La economía sigue siendo el tema dominante, y ambos partidos enfrentan el desafío de convencer a un electorado cansado y escéptico. Con menos de cuatro meses para los comicios, la carrera está lejos de definirse.



