La casa natal de Adolf Hitler en Braunau am Inn, Austria, fue transformada en una comisaría de policía, en un intento del gobierno por evitar que el inmueble siga siendo un lugar de peregrinación para grupos neonazis. La ceremonia de inauguración se realizó este miércoles con la presencia de agentes, periodistas e invitados.
El edificio del siglo XVII, donde nació el dictador el 20 de abril de 1889, había sido durante décadas un punto de encuentro para turistas, historiadores y simpatizantes de la extrema derecha. Ahora, su fachada blanca y el escudo de la policía austríaca reemplazan el antiguo revestimiento amarillo.
Una transformación con mensaje político
La remodelación no solo cambió la apariencia del inmueble, sino que busca enviar una señal inequívoca de rechazo al nacionalsocialismo. En la acera permanece la piedra conmemorativa con la inscripción: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos nos lo recuerdan". Junto a ella, ahora también figura el símbolo de la policía.
El gobierno austríaco invirtió cerca de 20 millones de euros en la transformación. Además de la comisaría, el edificio albergará la Academia de Seguridad, donde futuros agentes recibirán formación en derechos humanos. Stephan Mlczoch, jefe del departamento de Historia del Ministerio del Interior, explicó: "El objetivo era prevenir cualquier relación con Adolf Hitler y así despojarlo de esa mística". Mlczoch recordó que Hitler apenas permaneció unas semanas en esa vivienda antes de que su familia se mudara.
Décadas de controversia legal
La decisión de convertir la casa en instalaciones policiales no fue sencilla. Desde 1912, el inmueble pertenecía a una familia privada. Décadas más tarde, el Estado lo alquiló para instalar un centro destinado a personas con discapacidad, uno de los colectivos perseguidos durante el régimen nazi. La última propietaria se negó a vender y se opuso a cualquier transformación, lo que obligó al Parlamento austríaco a aprobar una ley especial en 2016 para permitir la expropiación por razones de interés público. En 2019, la Corte Suprema confirmó la compra del edificio por 810 mil euros, poniendo fin al litigio.
Antes de decidir su destino, se analizaron múltiples alternativas. Los especialistas descartaron convertirlo en museo por temor a que reforzara su atractivo entre extremistas. También rechazaron demolerlo. La conclusión fue que Austria debía enfrentar su pasado, no borrarlo.
Reacciones encontradas
Durante la ceremonia inaugural, el alcalde Johannes Waidbacher destacó: "Esta inauguración muestra que la ciudad de Braunau se enfrenta a su historia, que asume sus responsabilidades". Expresó su deseo de que la nueva etapa aporte "un poco de serenidad" y demuestre "que se puede mirar hacia el futuro".
Sin embargo, no todos están convencidos. Robert Eiter, representante del Comité Austríaco de Mauthausen, organización integrada por sobrevivientes y familiares de víctimas del Holocausto, afirmó: "Esta transformación no disuadirá a ningún neonazi tentado por la peregrinación". Añadió: "El mundo no se olvidará de dónde nació el peor asesino en masa de la historia. Wikipedia no cambiará sus entradas". Para Eiter, el riesgo de que el edificio siga atrayendo visitantes extremistas persistirá.
Contexto político delicado
La inauguración ocurre en un momento de crecimiento de la extrema derecha en Austria. Según un sondeo del diario Kronen Zeitung, el partido FPÖ, fundado tras la Segunda Guerra Mundial por antiguos nazis, alcanza un 38% de intención de voto, muy por encima del respaldo obtenido en las elecciones legislativas de 2024.
El edificio de Braunau am Inn difícilmente dejará de aparecer en los libros de historia. Sin embargo, Austria pretende que quienes crucen ahora esa puerta no encuentren un santuario del pasado, sino una institución dedicada a proteger el Estado de derecho. La piedra que recuerda que "Millones de muertos nos lo recuerdan" permanece en el mismo sitio, pero el mensaje que la rodea ha cambiado.



