Solo 4% de capitalinos vota en presupuesto participativo pese a quejas urbanas
4% vota en presupuesto participativo pese a quejas urbanas

La paradoja capitalina: quejas por deterioro urbano pero mínima participación en decisiones

Miles de capitalinos expresan diariamente su inconformidad por el deterioro urbano en sus colonias, pero apenas un 4% participa activamente en la elección del presupuesto participativo, el mecanismo institucional que precisamente decide las obras locales. Entre desinformación generalizada, desconfianza hacia las instituciones y falta de difusión adecuada, las autoridades electorales advierten que la ciudadanía reclama cambios constantes sin utilizar uno de los pocos instrumentos directos disponibles para lograrlos.

El abandono visible y la desconexión ciudadana

En la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, ubicada en Iztapalapa, las calles exhiben baches antiguos, luminarias intermitentes y un parque infantil con juegos completamente oxidados. Para los vecinos, este abandono se ha convertido en parte del paisaje cotidiano, algo evidente y constante; lo que no resulta tan claro es que cada año existe una votación formal para decidir qué obra pública debe realizarse específicamente en su localidad.

"Llevamos años pidiendo que arreglen el alumbrado público. Ya hasta juntamos firmas entre los vecinos. En redes sociales muchos han hecho llamados constantes a las autoridades", relata Rosa María Hernández, comerciante de 52 años. "Pero nadie nos hace caso. Aquí todo sigue exactamente igual".

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Cuando se le pregunta directamente si ha participado en la consulta del presupuesto participativo, duda durante varios segundos antes de responder: "No sabía que nosotros podíamos votar eso. Pensé que lo decidía completamente la alcaldía".

Un patrón que se repite en toda la ciudad

Esta escena se replica de manera preocupante en distintos puntos de la capital. En Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Tlalpan o Xochimilco, vecinos entrevistados coinciden en diagnósticos similares, detallando calles deterioradas, falta de mantenimiento básico o espacios públicos abandonados. Sin embargo, la mayoría desconoce completamente el mecanismo mediante el cual podrían influir directamente en esas decisiones. "No lo conocía..." se convierte en una frase recurrente.

El presupuesto participativo permite que los habitantes de cada colonia elijan proyectos de mejora urbana mediante votación ciudadana organizada por el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM). Las propuestas pueden incluir desde rehabilitación integral de parques hasta instalación de cámaras de seguridad u obras hidráulicas prioritarias.

Cifras que revelan un problema estructural

Los datos oficiales muestran la dimensión real del problema. En la Consulta de Presupuesto Participativo 2025 participaron solamente 295 mil 549 personas, representando apenas el 4% de la lista nominal capitalina, la cual está integrada por más de 7.3 millones de ciudadanos con derecho a voto.

Esto significa que nueve de cada diez habitantes con derecho a opinar no acudieron a decidir cómo gastar los recursos públicos destinados específicamente a sus propias colonias. El ejercicio definía el destino de aproximadamente 2 mil millones de pesos para proyectos comunitarios en toda la ciudad.

Paradójicamente, el número de proyectos registrados sí ha crecido significativamente. En 2025 el IECM recibió 22 mil 702 propuestas ciudadanas, la cifra más alta registrada en los últimos seis años. Según lo expresado por la mayoría de vecinos, existe interés organizado en algunos sectores específicos, pero no logra convertirse en participación masiva.

"No hemos logrado superar el 10% de participación. Es muy complejo, siempre ha resultado muy complejo motivar a la ciudadanía", afirma en entrevista Patricia Avendaño, consejera presidenta del IECM. "Debo resaltar que buena parte de ese desaliento tiene que ver con el no cumplimiento de los proyectos que salen seleccionados, porque siempre hay algún argumento para no llevar a cabo los proyectos".

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La desconfianza institucional como barrera

En la colonia Pedregal de Santo Domingo, en Coyoacán, la percepción ciudadana combina desconocimiento con profundo escepticismo. "Una vez votamos para arreglar un parque comunitario y nunca vimos ningún cambio visible", afirma José Luis Martínez, electricista de 61 años. "Entonces la gente deja de creer en estos procesos".

Casos como éste exponen otro problema fundamental: la ejecución tardía o poco visible de proyectos puede generar desánimo ciudadano generalizado, aun cuando sí existan procesos administrativos en marcha. El presupuesto participativo representa actualmente alrededor del 4% del presupuesto anual de cada alcaldía, destinado exclusivamente a proyectos vecinales, pero el impacto no siempre es perceptible para todos los habitantes.

"La gente necesita ver resultados claros y rápidos; si no, piensa que votar no sirve de nada", explica la politóloga Laura Sánchez, especialista en participación comunitaria consultada para este análisis.

Factores que limitan la participación masiva

  1. Desinformación generalizada: Una encuesta informal realizada entre 25 vecinos de distintas alcaldías mostró que más de la mitad no sabía que podía votar proyectos para su colonia.
  2. Falta de tiempo: Como resume Maribel García, madre trabajadora de 38 años de San Lorenzo Tezonco: "Trabajo todo el día y llego cansada. Si no me explican fácil cómo participar, pues no voy".
  3. Desconfianza institucional: La percepción de que los proyectos ganadores no se ejecutan adecuadamente mina la credibilidad del mecanismo.

Los consejeros electorales coinciden en que la participación ciudadana efectiva suele depender de tres elementos fundamentales: información clara y accesible, confianza institucional sólida y percepción tangible de resultados. Si alguno de estos elementos falla, el sistema pierde legitimidad social rápidamente.

Un ciclo difícil de romper

La consecuencia directa es un ciclo vicioso difícil de romper: los vecinos perciben abandono urbano constante, reclaman repetidamente a las autoridades locales, desconocen los mecanismos de decisión directa disponibles, no participan activamente y las decisiones terminan quedando en manos de una minoría activa.

Así, proyectos que afectan directamente a miles de personas pueden terminar siendo definidos por apenas unos cuantos cientos de votos en cada colonia. En algunos casos documentados, la diferencia entre proyectos ganadores ha sido de apenas decenas de opiniones, según los registros oficiales del propio instituto electoral.

Para el IECM, el reto no es solamente institucional sino profundamente social. Las autoridades han insistido en la necesidad de ampliar campañas informativas masivas y fortalecer la educación cívica desde edades tempranas. El aumento en el número de proyectos presentados demuestra que existe organización vecinal activa, pero aún limitada a sectores específicos de la población.

"Hay participación, pero está concentrada en grupos específicos", explica la analista Sánchez. "Quienes conocen el mecanismo lo usan regularmente; el resto ni siquiera sabe que existe como posibilidad".

Una herramienta democrática subutilizada

En la colonia Guerrero, un grupo de vecinos conversa animadamente frente a un parque visiblemente deteriorado. La conversación gira en torno a la inseguridad creciente y la falta de mantenimiento básico. Cuando se menciona que ellos mismos pueden decidir el destino de parte del presupuesto local mediante el presupuesto participativo, surge sorpresa genuina.

"¿De verdad podemos elegir eso nosotros directamente?", pregunta uno de ellos con incredulidad.

Esta pregunta resume el desafío fundamental del presupuesto participativo en la Ciudad de México: no es la falta de mecanismos democráticos lo que limita su impacto, sino su escasa apropiación social real. El instrumento existe formalmente, los recursos están asignados presupuestalmente y los proyectos se registran cada año. Sin embargo, la participación ciudadana continúa siendo reducida frente al tamaño y la complejidad de la capital.

Las quejas vecinales crecen al mismo ritmo acelerado que el desconocimiento generalizado. La paradoja final es que en una ciudad donde millones exigen constantemente mejores colonias, solo una minoría reducida decide activamente cómo transformarlas mediante los mecanismos democráticos disponibles.