Ambulantaje en CDMX: Resistencia y búsqueda de dignidad en las calles
Ambulantaje en CDMX: Resistencia y dignidad en las calles

El ambulantaje en la Ciudad de México: Un paisaje de resistencia y necesidad

El comercio informal se ha convertido en una parte inseparable del paisaje urbano de la Ciudad de México. Desde los tradicionales puestos de tacos, elotes y aguas frescas hasta los vendedores de ropa, juguetes y accesorios para celulares, los ambulantes han transformado numerosos espacios públicos de la capital mexicana. Según datos oficiales del Sistema de Comercio en Vía Pública (Siscovip), existen más de 80 mil vendedores registrados, aunque expertos y autoridades estiman que la cifra real podría acercarse a las 200 mil personas que dependen económicamente de esta actividad.

La transformación del espacio público

Este fenómeno social y económico ha modificado radicalmente la dinámica urbana de la ciudad. Zonas de alto flujo peatonal como el Centro Histórico, la calle Madero, la Avenida Juárez y la Alameda Central han visto cómo sus banquetas se han convertido en estrechos pasillos donde vendedores y peatones compiten por espacio. La movilidad se ha visto afectada significativamente, generando tensiones constantes entre comerciantes formales, ciudadanos que reclaman orden en las calles y los propios vendedores ambulantes.

Las autoridades locales han implementado numerosas estrategias para reordenar el comercio informal a lo largo de los años. Operativos de desalojo, programas de reubicación y propuestas de regulación han sido algunas de las medidas aplicadas, aunque con resultados mixtos y frecuentemente temporales. En muchas áreas, los vendedores regresan a sus lugares habituales apenas horas después de cada intervención oficial.

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Historias de vida detrás de los puestos

Para miles de familias capitalinas, el ambulantaje no representa una elección laboral sino una necesidad imperante. Sandra, de 48 años, lleva casi dos décadas vendiendo tacos al pastor y quesadillas en la Calzada de Tlalpan. Su jornada comienza antes del amanecer y se extiende hasta altas horas de la noche, todo para sostener a sus tres hijos y ayudar con los gastos de sus nietos.

«No es fácil, pero es lo que tenemos», confiesa Sandra entre risas nerviosas. «Aquí vivimos. Todo mi día comienza a las 4 a. m. y a veces no sé cuándo voy a volver a dormir». Como muchos de sus compañeros, ha desarrollado estrategias de adaptación rápida ante los operativos policiales, guardando su mercancía en sacos y dispersándose temporalmente para luego regresar a su lugar de trabajo.

En la Alameda Central, Luis ofrece artesanías y bisutería hecha a mano a turistas y locales. Para él, este espacio representa mucho más que un simple lugar de trabajo: «Yo no vendo solo por dinero, vendo porque me gusta ver a la gente sonreír cuando encuentra algo que le agrada». Sin embargo, su estabilidad laboral es precaria, enfrentando constantes cambios en las políticas de reordenamiento y operativos de desalojo que han generado enfrentamientos con las autoridades.

El complejo desafío de la regulación

La Ciudad de México enfrenta un dilema urbano y social de gran complejidad. Por un lado, el ambulantaje ocupa espacios públicos diseñados para la movilidad y el disfrute colectivo; por otro, representa la principal fuente de ingresos para miles de personas excluidas del empleo formal. Los intentos de regulación han incluido desde propuestas para instalar kioscos en la Alameda Central hasta planes integrales de reordenamiento de banquetas, pero estos esfuerzos frecuentemente chocan con la realidad de quienes viven al día sin redes de protección social.

La formalización representa otro obstáculo significativo. Aunque existen vendedores inscritos en sistemas oficiales como el Siscovip, muchos operan fuera de cualquier registro, dificultando la implementación de políticas públicas efectivas. La ciudadanía mantiene posturas divididas: mientras algunos consideran el ambulantaje como una invasión que entorpece la vida cotidiana, otros lo defienden como una expresión legítima de economía popular y respuesta a la falta de empleo digno.

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El futuro del comercio informal en la capital

El ambulantaje en la Ciudad de México trasciende el simple problema de orden urbano para convertirse en una manifestación palpable de las dinámicas económicas y sociales de una metrópoli donde millones buscan cómo ganarse la vida. Como resume Sandra: «No queremos esconder nuestro trabajo, queremos que se nos escuche y que exista una forma digna de seguir vendiendo».

Para los comerciantes informales, su actividad representa tanto una forma de resistencia económica como un llamado urgente a repensar las políticas públicas, la inclusión laboral y el derecho al trabajo en los espacios compartidos de la ciudad. El desafío continúa siendo encontrar un equilibrio entre el orden urbano y la dignidad laboral de quienes han hecho de las calles su sustento diario.