Recientemente, Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, ha respaldado la nueva identidad visual de la capital, afirmando que esta representa transformación y reivindicación cultural en el entorno urbano. La mandataria impulsó una estética renovada en toda la ciudad, destacando el uso del color morado y la figura del ajolote. Esta decisión ha generado diversas críticas, con voces que señalan que estos elementos tienen una carga simbólica que podría opacar las necesidades de reestructuración de la CDMX.
El significado del color morado
Brugada explicó que la elección del morado no es superficial ni casual. “La pintura morada no es cualquier cosa ni es superficial. Retomamos el morado porque es la expresión de la lucha de las mujeres. Hablamos del morado feminista”, declaró. Asimismo, señaló que, independientemente del color o imagen elegidos, siempre habría críticas. El morado se vincula directamente con el movimiento feminista y la lucha diaria de las mujeres mexicanas, buscando dar visibilidad a esta causa en el espacio público.
El ajolote como emblema oficial
El ajolote, una de las especies más emblemáticas de México y particularmente de la CDMX, ha sido adoptado como nuevo símbolo oficial. Brugada destacó que este anfibio “es un animal fascinante, prehistórico y endémico de esta ciudad. Hoy es objeto de investigaciones científicas en distintas zonas del mundo y deberíamos sentir orgullo de que forme parte de nuestra identidad”. Además, anunció la próxima inauguración del Santuario de los Ajolotes en el Parque Ecológico de Xochimilco, con el objetivo de concientizar sobre la preservación de esta especie.
Intervenciones urbanas: el concepto “ajolotizar”
La jefa de Gobierno acuñó el término “ajolotizar” para referirse a las intervenciones urbanas que se realizarán en la capital. Este concepto busca retomar y restaurar los espacios públicos, dándoles un nuevo significado. Actualmente, hay alrededor de 2 mil obras activas en toda la ciudad, lo que representa una de las intervenciones más amplias e importantes de los últimos años. Brugada sostiene que estas acciones no solo embellecen la ciudad, sino que también promueven la identidad cultural y ambiental.
La polémica en torno a la nueva estética continúa, pero la mandataria se mantiene firme en su decisión, argumentando que el morado y el ajolote son símbolos de lucha, orgullo y transformación para la Ciudad de México.



