Comerciantes históricos de Santa Úrsula exigen inclusión en operativos del Estadio Banorte
A solo tres días del partido amistoso entre las selecciones de México y Portugal, que servirá como primer ensayo operativo rumbo al Mundial de Futbol 2026, un grupo de comerciantes del Pueblo de Santa Úrsula ha levantado la voz ante su exclusión de los acuerdos para la operación del evento en el Estadio Banorte. Los vendedores, con décadas de historia en la zona, advierten que, de no permitirles trabajar durante el encuentro del 28 de marzo, bloquearán el circuito aledaño al coloso deportivo.
Inauguración de obras y reclamos ignorados
Este 25 de marzo, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, encabezó la inauguración y entrega de obras de infraestructura urbana en los alrededores del Estadio Banorte, ubicado en la alcaldía Coyoacán. El recorrido incluyó el Parque Alegría Tecuiche, el Circuito Azteca recién repavimentado y el puente peatonal que conecta con el CETRAM Huipulco.
Durante el evento, al menos 15 comerciantes intentaron acercarse a Brugada para exponer su situación, pero fueron interceptados por personal de conciliación y arbitraje del gobierno capitalino. "Nos pararon en la mera esquina", relató un vendedor anónimo, habitante originario de Santa Úrsula, quien criticó los procesos dilatados y la falta de comunicación por parte de las autoridades.
Incertidumbre y amenaza de protesta
Los comerciantes manifestaron en entrevista con Proceso que carecen de certeza sobre si podrán vender durante el partido del 28 de marzo. A 78 días del inicio del Mundial 2026, tampoco conocen cómo se desarrollará su actividad comercial durante el evento internacional. Rocío, una vendedora local, afirmó: "Queremos nuestro derecho a trabajar. Somos comerciantes de diferentes giros aquí alrededor del estadio, vemos que la infraestructura se presta para que todo el turismo se quede adentro, y a los comerciantes de afuera no nos van a dejar trabajar".
La familia de Rocío, que opera un puesto a pocas calles del estadio, enfatizó que el comercio en la zona es una actividad con peso generacional e histórico, extendiéndose por más de 50 años. "Cuando éramos niños todos cruzábamos y vendíamos; mi hermana la mayor tendía un trapito y se ponía a vender pepitas, dulces, garapiñados", recordó.
Zona de exclusión de la FIFA y afectaciones previas
De cara al Mundial 2026, la FIFA ha establecido una "zona de exclusión" de aproximadamente dos kilómetros alrededor del Estadio Banorte, donde solo pueden operar vendedores autorizados. Esto implica la reubicación o retiro de comerciantes locales que históricamente han trabajado en los alrededores.
Las afectaciones, sin embargo, comenzaron antes del torneo. Sandra Rosales y Rosa Miranda, comerciantes con más de 25 años en la zona, coincidieron en que las intervenciones previas al Mundial redujeron sostenidamente sus ingresos. "Bajaron ventas porque ya no hubo paso, había muchos bloqueos", explicó Rosales, detallando que el cierre de calles para obras de infraestructura impactó severamente su economía.
Diálogo incierto y advertencia final
Sobre el proceso de diálogo con autoridades, Miranda mencionó que se les ha planteado la posibilidad de trabajar, pero sin definiciones concretas. "Pues nos están diciendo que sí, ahora sí que hasta ver, no creer", señaló, anunciando una junta con representantes de la alcaldía Coyoacán para buscar acuerdos.
La mujer advirtió claramente: si no se les permite trabajar durante el partido del 28 de marzo, los comerciantes de Santa Úrsula se manifestarán sobre el Circuito Estadio Azteca. Esta advertencia subraya la tensión entre la preparación para megaeventos deportivos y los derechos laborales de comunidades históricas.
Trato diferenciado y precios vigilados
Las comerciantes también cuestionaron el tratamiento diferenciado entre el interior y el exterior del estadio. Mientras el gobierno capitalino anunció un acuerdo con la Profeco para vigilar incrementos de precios en servicios y comercios durante los eventos, Rosales denunció que al interior del estadio ya se registran alzas significativas. "Un vaso escarchado está en 80 dentro del estadio; la cerveza que es de medio litro está en 180", ejemplificó.
Para las vendedoras, este escenario representa un trato injusto, agravado por posibles limitaciones como la ley seca, que, según afirmaron, aplicaría solo en el exterior del inmueble. Su demanda, insisten, no busca nuevas condiciones, sino la continuidad de una práctica que ha formado parte de la dinámica del lugar durante décadas. "Que nos dejen trabajar. Nada más pedimos que nos dejen trabajar", concluyeron.



