El legado de Habermas y la acción comunicativa en la CDMX: entre el fútbol y la política
Habermas, fútbol y política: acción comunicativa en CDMX

Adiós a un gigante del pensamiento: Habermas y su eco en México

El mundo despide a uno de los intelectuales más influyentes de las últimas décadas. Jürgen Habermas, miembro de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, falleció dejando un legado teórico que, aunque su obra magna Teoría de la Acción Comunicativa llegó al inglés en 1984, ya revolucionaba los debates en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales años antes.

Los años ochenta: un caldo de cultivo intelectual

En aquella década, mientras Claudia Sheinbaum, con menos de veinte años, se integraba al Cesoc y Clara Brugada se acercaba a la OIR-LM en la Ciudad de México, las ideas de Louis Althusser resonaban fuertemente. No solo para figuras como el Subcomandante Marcos, sino para decenas de estudiantes que devoraban el Seminario de El Capital con sus magníficas notas a pie de página de Editorial Progreso.

El debate público se enriquecía con búsquedas diversas sobre el socialismo realmente existente, sus inquietudes, dudas y retos. Cuando Habermas visitó México en 1989, faltaban solo dos meses para la caída del Muro de Berlín, un evento que marcaría el fin de una era.

La teoría en acción: del Zócalo a la política actual

La noticia de su muerte llega a la CDMX en un momento donde algunos comentaristas opositores intentan, sin éxito, usar su figura para criticar al obradorismo. Desaprovechan la oportunidad de correlacionar sus ideas con la incapacidad de la oposición para generar comunicación o acción efectiva, ya sea para fortalecerse ante la mayoría actual o enriquecer el debate público.

Mientras tanto, un domingo en la capital mexicana demostró la vigencia de la acción comunicativa. La clase de fútbol más grande del mundo en el Zócalo, con 9,500 personas, transformó la plaza política más importante del país en un escenario de consolidación, resistencia y entendimiento mutuo.

Sheinbaum y Brugada: liderando la esfera pública

Clara Brugada insiste en la paz frente a los excesos de un mandatario hegemónico con un perfil alejado de las ideas democráticas en la política global. El balón no es instrumento de poder, sino mediador de consensos, una lógica que la Presidenta Claudia Sheinbaum ponderó a través de la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez, al promover el Mundial de Fútbol como una fiesta.

Figuras legendarias como el "Conejo" Pérez, Braulio Luna y Adrián Chávez convirtieron la plaza en un sensor de alarma ante las pesadillas de guerras en Cuba, Venezuela, Medio Oriente o Ucrania. La herencia de los ochenta dejó una sociedad civil capaz de inundar positivamente el espacio público.

Gobernanza y fraternidad en tiempos complejos

Sheinbaum y Brugada capitanean ahora, a nivel federal y local, estas aguas con objetivos convergentes. La Presidenta gestiona la fricción con Washington con mensajes nítidos: "en México gobierna el pueblo de México". La mandataria local hace del espacio público un referente de acción comunicativa, una oportunidad para meterle un gol al odio y la indiferencia.

Frente a los buques en Ormuz, México opone su ética de paz en las plazas. La legitimidad proviene de la capacidad ciudadana para la disposición crítica y constructiva, demostrando que, incluso bajo la sombra del hegemón, la fraternidad es la jugada más inteligente. El legado de Habermas vive en cada diálogo que busca un consenso racional y un desarrollo comunitario verificable.