En la Ciudad de México, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, inauguró el nuevo Tren Ligero El Ajolote, un proyecto que busca renovar la esperanza y la movilidad en la capital. La mandataria, reconocida por su labor social y como arquitecta paisajista, destacó la importancia de este medio de transporte para la Cuarta Transformación.
Un símbolo de identidad
El ajolote, anfibio endémico del Valle de México, se ha convertido en un emblema cultural. Su representación en tonos violetas y morados adorna las vías del tren ligero, así como murales urbanos. Aunque algunos críticos cuestionan la calidad artística, la iniciativa busca resaltar la riqueza natural del país.
La elección del ajolote no es casual: esta especie, conocida por su capacidad de regeneración, simboliza la resiliencia. Sin embargo, su hábitat natural, los canales de Xochimilco, enfrenta amenazas de extinción. El gobierno morenista ha apostado por su imagen como ícono de la ciudad.
Polémica y tradición
Algunos sectores han ironizado sobre la proliferación de ajolotes en el espacio público, recordando que su nombre en náhuatl significa "monstruo del agua". No obstante, la administración de Brugada defiende la medida como un homenaje a la biodiversidad mexicana.
Donación histórica al Instituto Matías Romero
En otro orden, el ex cónsul Heriberto Galindo donó una colección de cheques firmados por Matías Romero al Instituto Matías Romero. Juan José Bremer, director del instituto, agradeció el gesto. Matías Romero fue un diplomático clave durante los gobiernos de Benito Juárez y Porfirio Díaz, contribuyendo a la soberanía y el desarrollo económico del país.
La donación incluye documentos históricos que reflejan la labor de Romero como ministro plenipotenciario en Estados Unidos, en un periodo marcado por la intervención francesa y la modernización porfirista.



