Parque Revolución: Un año tras la polémica remodelación y el desplazamiento de comerciantes
Parque Revolución: Un año tras la polémica remodelación

Parque Revolución: Un año después de una remodelación polémica

En mis años universitarios, amaba sentarme en una banca del Parque Revolución a leer. Era un oasis "rojo" en medio de dos avenidas infernales. Casi cualquier tapatío o tapatía tiene algún buen recuerdo de este parque, construido en 1934 por los hermanos Juan José y Luis Barragán. Este espacio, que alguna vez albergó la Penitenciaría de Escobedo (1845-1934) y antes fue el huerto del Convento Carmelita en el siglo XVII, tiene una historia fascinante. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un presente lleno de desafíos.

La remodelación: Costos, retrasos y sospechas

La remodelación del Parque Revolución costó 28 millones de pesos y tardó un año en completarse, a pesar de que el calendario de obras original marcaba solo seis meses, según el proyecto ejecutivo obtenido vía transparencia. Esta demora confirmó las sospechas de que se trató de un desplazamiento de más de 1,200 comerciantes irregulares para blanquear la ciudad de cara al Mundial de Fútbol en junio. La obra se aceleró notablemente después de que activistas feministas descubrieran el poco avance al derribar una malla el 8 de marzo.

El conflicto con los comerciantes y la omisión histórica

Sí, había venta de droga y comercio irregular en el parque. No obstante, Guadalajara permitió estas actividades desde 2020 durante tres administraciones municipales; jamás reguló, retiró u ofreció alternativas a quienes buscaban su sustento cada sábado. La autoridad siempre toleró la venta de estupefacientes. Era razonable que los comerciantes reclamaran un derecho tras una prolongada omisión de las autoridades. Ahora, el ayuntamiento debe dar la cara, ya que la ofensa de la demora y la operación para desplazarlos podría encender nuevamente la disputa por este espacio público.

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Cambios en el diseño: Estética vs. funcionalidad

La remodelación eliminó las pérgolas y colocó unos basamentos extraños con escalinatas que conducen inútilmente a unas majahuas, un gesto que privilegió lo estético sobre lo funcional. Este podría ser el "pecado original" de un arquitecto, aunque ni las pérgolas ni la nueva propuesta forman parte del proyecto original de los Barragán. El resto del parque respeta casi de forma íntegra la idea inicial. Además, hay molestia porque aparentemente se hizo poco con mucho dinero; al ser una obra patrimonial, el parque no puede sufrir grandes modificaciones.

El futuro: Diálogo y uso compartido

El Parque Revolución debe ser un punto de encuentro y "alejado del rumor de la discordia". Esto comienza por saldar el diferendo sobre su uso los sábados, pues los comerciantes piden volver regulados y con orden. La alcaldesa tapatía y sus funcionarios deben mostrar capacidad para llegar a un acuerdo sostenido en el diálogo y no en una patrulla en cada esquina. Este espacio recuperado—que estaba en el abandono, hay que reconocerlo—es de todas y todos. Hay que cuidarlo, usarlo y disfrutarlo para demostrar que en esos 22,500 metros cuadrados que mide el Parque Revolución cabemos todos.

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