El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a Pekín para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, en un movimiento diplomático clave para reactivar los vínculos económicos entre ambas potencias. Acompañado por líderes empresariales como Elon Musk, Tim Cook y Kelly Ortberg, Trump busca que China abra su mercado a las compañías estadounidenses y reducir las tensiones comerciales.
Una visita en un contexto complejo
Este es el primer encuentro bilateral formal entre Trump y Xi desde 2017, en un momento en que las relaciones entre Washington y Pekín atraviesan disputas tecnológicas, restricciones comerciales y diferencias geopolíticas sobre Taiwán e Irán. La delegación estadounidense incluye a Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple), Kelly Ortberg (Boeing) y Jensen Huang (Nvidia), quien se unió durante una escala en Alaska.
Antes de aterrizar, Trump publicó en Truth Social que pediría a Xi "abrir China" para que estos empresarios puedan desplegar su talento. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, expresó disposición a ampliar la cooperación y gestionar diferencias mediante el diálogo.
Guerra comercial y tregua arancelaria
Uno de los temas centrales es la posible ampliación de la tregua arancelaria alcanzada en octubre. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, ambas naciones han mantenido una guerra comercial con aranceles y restricciones tecnológicas en sectores como semiconductores y tierras raras, afectando cadenas de suministro globales.
Empresas como Tesla, Apple y Nvidia dependen en gran medida del mercado chino. Tesla produce en Shanghái, Apple ensambla en China y Nvidia enfrenta restricciones de exportación en inteligencia artificial y chips avanzados. La especialista Melanie Hart, del Atlantic Council, describió la cumbre como "cortés en la superficie, pero tácticamente un partido de rugby".
Irán y el petróleo elevan la tensión
La reunión también abordará el conflicto en Oriente Medio, especialmente la situación de Irán. La guerra iniciada el 28 de febrero tras ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos contra Irán sacudió los mercados energéticos. Washington busca que China, principal comprador de petróleo iraní, presione por una desescalada. Trump adelantó una "larga conversación" sobre Irán con Xi, aunque luego matizó que no necesita ayuda directa.
La Casa Blanca ha impuesto nuevas sanciones y bloqueos portuarios desde abril para limitar las exportaciones petroleras iraníes. Pekín condenó esas medidas, pero evitó una confrontación abierta. El canciller chino, Wang Yi, pidió a Pakistán intensificar la mediación entre Teherán y Washington.
Impacto político, económico y tecnológico
La cumbre llega en un momento decisivo para la economía global. La relación entre Estados Unidos y China abarca inteligencia artificial, seguridad energética, producción tecnológica y control geopolítico. Los encuentros incluirán recepciones oficiales, reuniones privadas y negociaciones económicas lideradas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng.
Según medios estatales chinos, las conversaciones previas fueron "francas, profundas y constructivas". La expectativa internacional se centra en si esta cumbre reducirá la tensión o abrirá una nueva etapa de competencia estratégica disfrazada de diálogo.



