Caminar con un perro por seguridad: la cruda realidad de las mujeres en México
Caminar con perro: la realidad de seguridad de las mujeres

Una caminata con precaución: el perro como escudo en un México inseguro

En ocasiones, las historias del pasado resuenan con fuerza en el presente. Recuerdo haber escuchado la leyenda de Il Grigio, el perro protector de San Juan Bosco, un sacerdote italiano que dedicó su vida a ayudar a jóvenes desfavorecidos en Turín. Durante casi tres décadas, cada vez que Bosco se encontraba en peligro, aparecía a su lado un majestuoso canino gris, similar a un lobo, que lo escoltaba hasta un lugar seguro. Nadie entendía su origen, su aparente inmortalidad o por qué solo se manifestaba en momentos de riesgo.

Mowgli: mi compañero en las calles de Guadalajara

Yo no cuento con un guardián sobrenatural, ni enfrento amenazas de muerte. Sin embargo, tengo a Mowgli, un robusto labrador color chocolate que, con su apariencia de morsa, me acompaña en mis paseos diarios. Me gusta creer que, ante cualquier agresión, él me defendería. Tras los recientes eventos en Guadalajara, mis caminatas se han vuelto más cautelosas. Un sexto sentido se activa, y a veces anticipo encontrarme con un retén policial al doblar la esquina. La alerta se mezcla con paranoia; hoy, por ejemplo, sentí que me seguían, y ni la presencia de Mowgli logró calmarme.

Reflexioné en casa sobre lo absurdo de la situación: caminaba a plena luz del día, acompañada de un animal grande que debería disuadir a cualquiera, y aún así, el miedo se apoderó de mí. Esto me llevó a pensar en todas las mujeres que salen solas, sin nadie a su lado. Hoy, 8 de marzo, las calles resonarán con los gritos de la marcha, un río humano que honra a las que no regresaron, a las que fueron seguidas, golpeadas, violadas o asesinadas. Para ellas, no hubo un Grigio en el momento crucial, y lo más perturbador es que hemos normalizado la idea de que podrían necesitarlo.

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El reclamo persistente: seguridad básica para las mujeres

La lucha contra la violencia de género en México lleva años transmitiéndose como una antorcha, exigiendo, entre otras cosas, el derecho básico a regresar a casa sin miedo. Sin la necesidad de mirar constantemente hacia atrás para asegurarse de que nadie las persigue. Si bien ha habido avances, como el derecho al voto, mejores oportunidades educativas y profesionales, y leyes innovadoras, estas conquistas revelan una realidad incómoda.

Leyes como la Ley Olimpia, que combate la difusión no consentida de contenido sexual; la Ley Sabina, que aborda la evasión de pensiones alimenticias; y la Ley Malena, que reconoce la violencia con ácido, son logros tangibles. Sin embargo, todas surgieron de las experiencias dolorosas de mujeres específicas que las necesitaron. ¿Cuántas fueron atacadas con ácido antes de que este delito se tipificara?

La frustración creciente: ¿cuándo llegará la seguridad real?

La participación en las marchas aumenta, junto con la ira colectiva. ¿Cuántas veces debe repetirse una pregunta antes de obtener una respuesta? ¿Cómo podemos sentirnos seguras en un entorno donde la protección parece depender de medidas individuales, como caminar con un perro? Volví a pensar en Grigio y en lo ridículo que resulta aceptar que la seguridad de una mujer deba basarse en la compañía de un animal hasta un refugio seguro.

Este 8 de marzo, mientras las voces se alzan en las calles, recordamos que el camino hacia la igualdad y la seguridad sigue siendo largo. Las leyes son un paso, pero la verdadera transformación requiere un cambio cultural profundo, donde ninguna mujer tenga que depender de un perro para sentirse protegida en su propio país.

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