Ceci Flores despide a su hijo con misa íntima en Jueves Santo, rodeada de madres buscadoras
En medio de un dolor que no cesa, la activista Ceci Patricia Flores se despidió de su hijo, Marco Antonio Sauceda Rocha, con una misa íntima este 02 de abril del 2026, en pleno Jueves Santo. La ceremonia congregó a decenas de personas, incluyendo madres buscadoras de todo el país, familiares y amigos, quienes han convertido la ausencia en una forma de vida y lucha incansable.
Un testimonio colectivo de búsqueda y duelo
Esta despedida no fue solo un acto personal, sino un testimonio colectivo que reunió historias entrelazadas por un mismo hilo: la búsqueda incesante de seres queridos desaparecidos. Marco Antonio había sido reportado como desaparecido el 4 de mayo de 2019, sumándose a las interminables listas de víctimas, mientras su madre recorría desiertos, caminos y fosas clandestinas en busca de respuestas.
El pasado 24 de marzo de 2026, esa búsqueda encontró un punto de llegada con el hallazgo de restos óseos en un rancho al norte del ejido Salvador Alvarado, en la Costa de Hermosillo. El cateo fue encabezado por autoridades estatales y acompañado por integrantes del colectivo de madres buscadoras, con la participación de peritos, antropólogos forenses y elementos de investigación.
Entre los indicios localizados se encontraron fragmentos óseos y prendas de vestir, vestigios de una vida interrumpida que ahora reciben un homenaje póstumo.
La misa: un paralelismo entre el dolor y la esperanza
La misa de despedida fue oficiada por el sacerdote Martín Gerardo Hernández, quien en su homilía trazó un paralelismo entre el sufrimiento de las madres buscadoras y el dolor de María al pie de la cruz. Sus palabras no buscaron consolar desde la certeza, sino desde la fe, afirmando: "Hay una esperanza que no se acaba, que no termina. Aunque la muerte entristece, la esperanza de la resurrección permanece".
El silencio en la ceremonia pesaba tanto como las palabras, hablando del amor que impulsa a seguir buscando incluso cuando las fuerzas parecen agotarse. Para Ceci Flores, esta despedida no representa el final de su lucha, sino que se inscribe en una historia más amplia de miles de familias que, ante la ausencia de sus seres queridos, se han convertido en buscadoras, investigadoras y guardianas de la memoria.
Un llamado a la acción y la solidaridad
La ceremonia también sirvió como un llamado urgente a no normalizar la violencia, a no olvidar a quienes siguen desaparecidos y a no abandonar a quienes buscan. Se oró por Marco Antonio, pero también por todas las víctimas de circunstancias similares y por una sociedad que necesita recuperar el valor de la vida.
Al final, entre rezos y despedidas, quedó una certeza que atraviesa el duelo: la vida de Marco Antonio no se reduce a su ausencia. Vive en la lucha de su madre, en la solidaridad de las otras buscadoras y en cada paso dado sobre la tierra removida con la esperanza de encontrar respuestas.
Los restos de Marco Antonio fueron trasladados desde su casa en Bahía de Kino a Hermosillo, a las oficinas de las Madres Buscadoras, para ser llevados a su morada final y descansar en paz.



