La Deuda Pendiente: Escuchar y Atender a las Juventudes Tras Hechos de Violencia
La Deuda Pendiente: Escuchar y Atender a las Juventudes

La Urgente Necesidad de Escuchar a las Juventudes en México

Hace algunas décadas, una de las principales luchas de las juventudes era garantizar su libertad de expresión. En la actualidad, tanto a nivel global como en México, las condiciones han mejorado significativamente gracias al acceso generalizado a internet y las redes sociales, que permiten a prácticamente cualquier persona expresarse con mayor facilidad. Sin embargo, esto no implica que la libertad de expresión sea absoluta o que los gobiernos la respeten de manera irrestricta, sino que las oportunidades para hacerlo son considerablemente mayores que hace 10 o 20 años.

Del Hablar al Ser Escuchado: Un Cambio Fundamental

Este avance ha generado un cambio crucial: el principal desafío para las juventudes ya no es simplemente hablar o expresarse, sino que quienes están del otro lado de sus palabras, mensajes, gestos y manifestaciones escuchen, entiendan y atiendan lo que tienen que decir. Como sociedad, nos enfrentamos a preguntas incómodas pero necesarias: ¿realmente estamos escuchando a los jóvenes? ¿Comprendemos sus mensajes? Y, lo más importante, ¿tomamos acciones para atender sus necesidades?

Casos Alarmantes que Exigen Reflexión

El reciente caso de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde Omar, un adolescente de 15 años, asesinó a dos profesoras dentro de su escuela, se suma a incidentes similares ocurridos en países como Chile, Argentina y Estados Unidos. A pesar de las particularidades de cada situación, el fenómeno y las condiciones de los agresores presentan patrones repetitivos: jóvenes de entre 15 y 18 años, que en algún momento fueron víctimas de violencia escolar y familiar, terminan cometiendo actos violentos contra miembros de sus comunidades educativas.

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Sin que los medios de comunicación o las autoridades hayan reportado detalles adicionales, es altamente probable que estos agresores presentaran inestabilidad emocional y problemas de salud mental no atendidos. En varias ocasiones, los agresores manifestaron en sus redes sociales no solo el maltrato que habían sufrido, sino también sus intenciones de vengarse, no necesariamente contra sus victimarios directos, sino contra quienes representaban simbólicamente a aquellos. Ellos hablaron a través de palabras, mensajes e imágenes, pero la pregunta persiste: ¿fuimos capaces de escucharlos, entenderlos y atenderlos?

Las Causas Subyacentes de la Violencia Juvenil

Detrás de estos hechos violentos, que son absolutamente injustificables desde cualquier perspectiva, existe una serie de causas que, en muchos casos, podrían haberse abordado si alguien, ya sea desde el Estado o desde la sociedad, hubiera tenido la capacidad y empatía para escucharlas y comprenderlas. No podemos caer en la simplicidad de escandalizarnos por lo sucedido y etiquetar a estos jóvenes como "desquiciados".

¿Qué estamos haciendo para atender problemas como la fragilidad familiar, la precariedad de las condiciones de vida en los hogares, o la violencia escolar que va desde las burlas hasta agresiones físicas? Un ejemplo macabro es el caso de Sonora, ocurrido en septiembre pasado, donde Leyla Monserrat, una adolescente de 15 años, fue engañada y llevada a un sitio donde fue estrangulada con una cuerda por sus asesinas, dos jovencitas de 13 y 15 años.

La Respuesta Social y Estatal: Insuficiente y Cíclica

Cada vez que suceden hechos de este tipo, la sociedad reacciona con horror durante unos días, los medios investigan los antecedentes familiares de los agresores, algunas personas que conocían a las víctimas relatan sus experiencias, y el Estado anuncia protocolos para prevenir que algo similar vuelva a ocurrir—por enésima vez—y expresa su "profundo" pesar. Esta respuesta resulta insuficiente y cíclica, sin abordar las raíces del problema.

La Deuda Pendiente con las Juventudes

Violencias como las ocurridas recientemente en Michoacán o hace medio año en Sonora, así como las vividas en otros países, son manifestaciones de las consecuencias más dramáticas y graves del principal pendiente que tenemos con las juventudes en el mundo y, especialmente, en México: el Estado y la sociedad no escuchan, y cuando escuchan no entienden, y cuando entienden, no atienden.

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Decir que escuchar, entender y atender a las juventudes es el principal pendiente es crucial, porque el resto de los problemas se acumulan sin que siquiera nos demos cuenta. Los casos mencionados reflejan las consecuencias más extremas de esta negligencia, pero cada uno de ellos revela, detrás de sí y a plena vista, otros pendientes que hemos permitido que se acumulen, como la salud mental, la expectativa de futuro y la normalización de diversas formas de violencia.

Es momento de asumir que hemos fallado a las y los jóvenes y comenzar a actuar para resolver las deudas que tenemos con quienes consideramos el futuro, cuando es precisamente ese futuro lo que les estamos negando.